Para seguir tomando el pelo al personal, entre quienes están aquellos que los votan, cada verano, cuando la gente se pone en marcha para disfrutar sus vacaciones, el gobierno de turno nos obsequia con la habitual subida de los combustibles, por aquello del encarecimiento de los carburantes y este año, después del 'trago' de la Pandemia, que está arruinando el país, por mucho que se esfuerce en vendernos recuperación la ministra de economía, con el manejo de las cifras macroeconómicas que tan bien aprendió como alta funcionaria de la Unión Europea, nos muestra su consideración y estima con la aplicación de la nueva tarifa de la luz, ese auténtico asalto a la cartera de los ciudadanos y especialmente a la de los Pensionistas, a la de quienes dependen de una nómina, tienen familias que mantener, cobran el salario mínimo o no se ven agraciados por el cupón de la ONCE o por alguno de los infinitos juegos de azar que con afán recaudatorio ha puesto en marcha, de unos años a esta parte, la Administración de Loterías del Estado…

Y aunque llevan ya bastantes años hablándonos del Estado del bienestar, parece que eso les ocupa tanto a nuestros gobernantes que hasta ahora no han podido, por lo que comprobamos cada mes cuando recibimos el correspondiente recibo, tratar de encontrar la fórmula para abaratar este servicio básico para la ciudadanía y de camino acabar con el abuso que suponen esos máximos históricos que en un año han triplicado, según los datos conocidos, el precio de la luz, incrementado por demás con impuestos varios en los que no se comprende bien como no pueden o quieren intervenir nuestros gobernantes, mitigando así este actual disparate de la diaria evolución del precio de la energía eléctrica.

No es nuevo desde luego el problema, como tampoco lo es la habitual subida de gasolinas y gasóleos cada vez que debemos coger el coche para marchar de vacaciones a la casa del pueblo o a la playa y por eso no se entiende o la indiferencia con la que quienes mandan se lo toman o su incapacidad evidente para resolver uno -mejor dicho, dos- de los problemas que acucian a los ciudadanos y especialmente a los de menor capacidad económica, que se las ven y se las desean para poder llegar a fin de mes, hacer frente al pago de los recibos energéticos o para poder llenar el depósito de su vehículo, para ponerse en camino a la búsqueda de un merecido descanso…

Y a eso, algunos tienen la desvergüenza de llamarlo 'estado del bienestar'. Se supone que pensando en el que ellos solamente disfrutan.

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