Ya hay quienes dicen por ahí que habrá que ir pensando la forma de darle las gracias a todos aquellos que han provocado que, en lo que al concepto de España se refiere, este país haya dado un giro de 180 grados. Ojalá el giro hubiera sido también en otros muchos aspectos. En unos meses se ha pasado de un escenario de indolencia a todo lo que suponía la palabra y el concepto de España (ha sido habitual incluso dar enormes giros para no pronunciar las tres sílabas) a que una cantante como Marta Sánchez decida cerrar un concierto con su propia letra del himno ante el entusiasmo del público. Son detalles que vienen a confirmar que la mayoría silenciosa, como en tantos otros asuntos, le está perdiendo el gusto a estar callada. No se unge de razón quien más grita, ni quien más descalifica y mucho menos aquel que condena a 'sus' galeras de la ignominia a quien no piensa ni siente como él. El respeto es la base de la democracia. Perderlo es fácil y recobrarlo muy duro.

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