La lengua española mala

15 de febrero 2026 - 03:08

La ironía y la retranca descreída son difíciles de descifrar por escrito. Tanto como en una tertulia, proclive a sacarse de contexto. Aunque a Rosa Belmonte se le ha entendido todo. Se ha quemado con su alusión a Sarah Santaolalla creyendo que estaba en un café. El Hormiguero se ha chamuscado también por ir con el cántaro del antisanchismo por sistema. Si esa misma frase de “mitad rubia, mitad tetas” la hubiera pronunciado un hombre estaría ya ante un juez. Y si esa frase aparece en cualquier parte, pero no en Antena 3, habría sido un chispazo chusco menor. Santaolalla, acentuando el victimismo, se convierte en mártir. Recauda un plus de popularidad a sus lacerantes diatribas. Es una demagoga supina. Belmonte, a su vez, pese a ser amonestada en privado ante un linchamiento viral inevitable, también se aupará. Cada una en su polo. En su club. Estrellitas.

Los extremistas sacan partido de la polarización que se prende en cada minuto de redes sociales. Con cada minuto que pasamos ante los cristales perdemos tiempo y ganamos cabreo.

No podemos esperar un país ponderado, centrado en prosperar, cuando tantos responsables están empeñados en los likes, el cortoplacismo, los aplausos propios, tras haber convertido la televisión (cada uno controla la que puede) en su coto. La gente ya no tiene cabida en la televisión. O están los políticos o sus propagandistas, y los famosos, dispuestos a hacer ruido con lo que sea. Se nos está quedando una sociedad de extremos pendiente y dependiente de las ocurrencias.

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