Cinco miedos, cinco, son los que han rodeado a los cofrades desde que comenzó la crisis sanitaria del coronavirus. Cinco desasosiegos en los que los cofrades han ofrecido una gran dimensión de madurez, sobre todo desde sus juntas de gobiernos.

Una vez llegado el virus, el primer miedo se metió en el cuerpo de muchos al verse tambalearse los actos cuaresmales. Todavía recuerdo a Feliciano Pérez de Azpillaga comentarme por teléfono que estaban estudiando qué medidas se iban a tomar para el besapiés del Señor Caído en San Lucas. Era el primer viernes de marzo y la cosa comenzaba a ponerse fea.

Después vino el estado de alarma y se añadió otro miedo más. Ir comprobando conforme pasaban las horas que las procesiones en la Semana Santa se alejaban de la realidad más inminente. Y así fue con la suspensión de una Semana Mayor como todos hubiéramos querido: con pasos en las calles.

El tercer pánico sobrevino con la asistencia a los más necesitados. Los cofrades dieron de nuevo ejemplo y sin contar con políticos ni figurantes comenzaron un ciclo asistencial de 'chapó'. Mascarillas de la Paz o Costaleros por nuestros mayores son ejemplos.

El cuarto ha sido el dinero de los palcos. Nuevo acto de elegancia. Nadie puede afirmar haberse quedado atrás. Todos los abonados tendrán una línea a la que acogerse. Con esta decisión, se une la renuncia al reparto de las sillas que abrirá un tiempo de crisis importantísimo. Apenas se ha recaudado en papeletas de sitio, no ha habido Feria y está prohibida la organización de eventos donde no se pueda asegurar el distanciamiento social. Toda una papeleta, nunca mejor dicho.

La quinta angustia es el futuro ¿Hasta cuándo estaremos sin pasos? Habrá que buscar una fórmula en la que sea posible conciliar las normas sanitarias con el culto público. Pero mientras se busca esta medida o llega un tratamiento, la cosa no está nada clara. Pero a pesar todo esto, lo que si tenemos claro es que las cofradías sabrán estar a la altura. Ya lo han demostrado en cuatro acontecimientos dolorosos y que exigían mucho. Así que la quinta angustia no será para menos. Ya lo verán.

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