El remplazo y la fusión

04 de febrero 2026 - 03:07

Si te tomas un café en Jerez, es muy probable que te lo ponga una persona latina o magrebí. Y si te cruzas con un mayor con problemas de movilidad es muy probable que le acompañe una persona latina o magrebí. En los colegios de nuestros hijos y nietos a “los hombres y mujeres del mañana” ya les resulta normal que convivan las distintas nacionalidades.

Sorprende por ello el rechazo que manifiestan determinados individuos y grupos (de derecha y ultras) a la regularización de inmigrantes promovida por el gobierno y apoyada por la Iglesia Católica y las principales ONGs. Claro: los voceros de la xenofobia prefieren tener en precario a estos trabajadores para pagarles menos y explotarles mejor en unas ocupaciones indispensables en nuestra sociedad. Y, para vestir esto con ropaje teórico, se montan la conspiranoica idea del remplazo, según la cual estamos ante una invasión silenciosa -infiltración- que un día se levantará con sus alfanjes, nos cortará la cabeza y convertirá las catedrales en mezquitas (lo que hicimos nosotros, pero al revés).

Esta visión corresponde a una concepción bélica y violenta de la historia donde las culturas y las razas están en permanente lucha intentando exterminar al otro o, al menos, encerrarlo. Sin embargo la vida tiene que avanzar con otra dinámica: la dinámica de la fusión. Es ridículo pretender que la globalización se limite a cuestiones comerciales, sin que se mueva la gente. Con el tiempo habrá una sola raza, mestiza sí. Se tenderá a una fusión cultural con generosidad, apertura y libertad. También las religiones se situarán en diálogo permanente y cada vez compartirán más espacios y tiempos. La regularización anunciada es un paso para esa integración que nos trae la razón y, sobre todo, la globalidad en que vivimos.

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