Análisis

Manuel sotelino

La vacuna de la cruz

Los políticos están empeñados en cambiar nuestras creencias

Muchas veces pienso que no tenemos pandemia, que las personas no están enfermando y que los hospitales están vacíos y las tasas de mortandad en sus picos normales. Lo pienso y lo escribo porque ya decía el refranero castellano que "cuando el diablo está aburrido, mata moscas con el rabo". Pero no es así. Estamos ante una de las crisis sanitarias más graves jamás conocidas a nivel mundial. Y como no cabe el aburrimiento, muchos mandatarios deberían de poner sus cinco sentidos en intentar que el maldito virus no se propague más de la cuenta con ideas innovadoras, cargadas de inteligencia y apoyadas por técnicos expertos en la materia.

Pero no. Al parecer el diablo anda aburrido y la alcaldesa de Aguilar de la Frontera no ha tenido mejor idea que quitar una cruz situada junto a un convento de monjas carmelitas.

Muchos cofrades han reaccionado. Antes de ayer, la Sacramental de Santiago hizo un acto de desagravio a esta acción y la hermandad del Rocío de Jerez ha enviado una carta de solidaridad al convento de las carmelitas del pueblo cordobés.

Ya sabemos que los políticos están empeñados en cambiar nuestras creencias y nuestras costumbres a base de una perspicaz ingeniería social, que para estas cosas lo bordan. Y lo hacen en lugar de administrar bien los erarios públicos.

La cruz es el signo de los cristianos. Y como en muchos sectores de nuestra sociedad existe como una especie de 'asco' a todo lo que refleje nuestro pasado, así nos van las cosas.

Espero que la señora alcaldesa no se haya colocado la primera en la cola para ponerse la vacuna. Ya solo nos faltaba eso. Lo digo porque esta clase política es lista para reeducarnos y para buscar su propio provecho. Pero la cruz es gloriosa para los que somos creyentes. Y es la vacuna de nuestra salvación.

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