Hablando en el desierto

FRANCISCO / BEJARANO

Ahora hay más pobres

El hombre era muy pobre cuando apareció sobre la tierra. Su principal preocupación era comer y alimentar a los suyos, y, según climas, protegerse de las inclemencias del tiempo. Aprendió a cultivar, a conservar alimentos y a defenderlos de las incursiones de otros hombres y animales también pobres. Luego su cerebro milagroso fue creando sistemas cada vez más complicados para comer todos los días, porque, al final de los trabajos humanos, desde la acumulación de riqueza hasta las altas aspiraciones espirituales, aparece la comida; pero sigue siendo igual de pobre que cuando se bajo de los árboles y no ha perdido el miedo a quedarse sin comer, pues sabe que basta una situación especialmente adversa para que así suceda.

En las sociedades cada vez más enredadas empezaron a aparecer otras clases de pobres y, con ellos, los códigos morales. El hombre soportaba mal que un vecino suyo no tuviera nada que comer y en la denostada Babilonia bíblica estaba mal visto no procurarle remedio. Los profetas y los filósofos clásicos precristianos insistieron a favor de no permitir que los cercanos, que es lo que significa prójimo, próximo, se quedaran sin comer y desnudos, y señalaron a los débiles, viudas y huérfanos los primeros. El cristianismo hizo universal la buena disposición para favorecer a los necesitados. En suma: en la Edad Media un siervo de la gleba no podía abandonar la tierra, pero se sabía libre y tenía para alimentar a su familia. Los pobres eran los mendigos que llamaban a su puerta. Y así ha sido hasta que apareció la moda norteamericana de ser víctimas. Gracias al igualitarismo, los pobres han aumentado considerable y escandalosamente.

Tocqueville lo intuyó en la sociedad esclavista americana cuando dijo que nunca se podría establecer una igualdad con la que todos estuvieran conformes. La desigualdad es ley común de la sociedad y, cuando es así, las desigualdades entran en la normalidad y no saltan a la vista. Cuando todo está a un mismo nivel, las desigualdades más normales son causa de descontento. "De ahí que el ansia de igualdad sea mayor cuanta más igualdad hay." La pobreza hoy es más una conciencia de desigualdad que una necesidad real. En Estados Unidos, en proporción, hay muchos más pobres descontentos con su destino de gordos desiguales que en Haití, el país más pobre del mundo. El ideal igualitarista en los países más ricos ha extendido la identidad de pobres, mientras que los verdaderos pobres del mundo quedan desamparados.

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