No quise dedicar mi primer artículo del 2021 a los buenos propósitos para que se viese que duraban un poquito. Pero no quiero tentar tanto a la suerte, así que vamos hoy. Además, siendo día 3, quizá pueda reenganchar aún a alguno de ustedes. Mi propósito es que se hagan ustedes sus propios propósitos.

Con los años podemos echar una costra de cinismo. ¿Para qué hacerme propósitos si no los cumplo nunca? Para empezar, hemos de ver el vaso medio lleno: lo bueno de no cumplir los de los años pasados es que uno no tiene que estrujarse las meninges para buscar nuevos objetivos y, sobre todo, no tiene por qué caer en la originalidad, Dios nos libre. Podemos volver a los propósitos de toda la vida, tradicionales, a los que tenemos ya un cariño familiar, íntimo.

Afinar mi inglés viene siendo un fijo de mi lista desde la preadolescencia. Tanto, que a la lengua de Chaucer, de Shakespeare y de Chesterton la llamo la Amada Invencible. También adelgazar. Y no hablar mucho -fíjense, fíjense, qué mal empiezo- de mí en mis artículos. Apenas he tenido que retocar un poco el orden de mis viejos propósitos y cambiarles los colores de la tabla Excel donde me los puntúo y controlo.

No es un trabajo inútil. Cuando el día de mi cumpleaños, al comienzo del verano, en el aniversario de boda y al comienzo de curso vuelva a sentir la llamada propositiva, ahí estarán esperando los míos, inasequibles al desaliento.

Algún aguafiestas dijo que el infierno está empedrado de buenas intenciones, pero sería que lo conocía mejor; porque el cielo está cimentado igualmente en intenciones buenísimas, más o menos cumplidas; además de empedrado de buenos despropósitos. Y el purgatorio, se empiedra de buenas intenciones cumpliéndose… con el tiempo en los talones. Y la vida, con el tiempo de cara, no digamos. Hay algunos que pensamos que vivir es eso, hacerse buenos propósitos como promesas a uno mismo y luego cumplir la palabra, al menos hasta un instante antes de volver a hacer los viejos propósitos.

No oigan los cantos de sirena del desencanto. ¿No han deseado de todo corazón que el 2021 sea mejor? Pues para que lo sea, nada más práctico y, sobre todo, nada (literalmente) más en su mano que cumplir con el rito, y ponerse después a cumplir sus propósitos, con la dosis justa de ironía para desactivar el cinismo o, en el caso de que a usted le hiciese falta, la contraproducente ansiedad del perfeccionismo.

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