No es chauvinismo ni jactancia de la verde, blanca y verde, pero las elecciones andaluzas siempre adquieren la condición de decisivas para la política española. Desde 1982 hasta hoy la política nacional ha estado pendiente de Andalucía, mayormente porque las urnas andaluzas han marcado tendencia, abierto rumbos y prologado cambios en la vida pública española.

Ahora va a ser que también. En las elecciones autonómicas de la primavera de 2019, que probablemente sean más bien en otoño de 2018, se van a confirmar o desmentir fenómenos políticos incipientes que supondrían una alteración fundamental del sistema político español: la caída del bipartidismo, el ascenso de Ciudadanos, el desgaste del Partido Popular, el derrumbe de Podemos.

La posición que vaya a obtener Ciudadanos en el tablero político nacional es el dato fundamental. Las elecciones autonómicas en Andalucía van a revelar si el triunfo de Inés Arrimadas en las catalanas es irrepetible -por las pecularidades de aquel conflicto y por la personalidad de la jerezana- y si Ciudadanos resulta por sistema más victorioso en las encuestas que en las urnas o si, por el contrario, el partido de Rivera y Marín acabará demostrando que llegó para quedarse, y como protagonista, no como secundario de lujo. Vamos, si de los dos partidos emergentes del siglo XXI, Podemos se sumerge y C's se asienta en tierra y toca poder.

O lo alcanza. Porque lo que sondeos de todo origen y ralea están diciendo es que Ciudadanos, cuando aspira a sorpasso en la escena electoral andaluza, ya no mira a Podemos, sino al PP. Sería sumamente significativo que un partido con tres años de existencia autónoma en Andalucía se erigiera en alternativa al sempiterno PSOE andaluz en detrimento del sempiternamente impotente PP (con Moreno Bonilla haciendo peor papel que Mancha, Puche, Arenas y Teófila).

Un Ciudadanos tan crecido dejaría de actuar como muleta del PSOE en la Junta y obligaría a Susana Díaz a compartir Gobierno de coalición o, en su defecto, a hacer lo último que Susana querría hacer: pactar con Podemos e IU. Aquello a lo que se opuso frontalmente cuando lo intentaba Pedro Sánchez a nivel nacional. Que es también aquello que ella rompió en Andalucía por decisión unilateral en los tiempos de Vicepresidencia de Diego Valderas.

Claro que también lo de C's puede no ser sorpasso, sino zarpazo (no como acción de la zarpa, sino como batacazo).

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