desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cristiano o un caso indecente

El debate creado por la tristeza del astro ha originado posicionamientos que atentan al pudor y al decoro

EESPANTOSA situación la creada con la tan traída y llevada tristeza de Cristiano Ronaldo. Una simple pataleta de niño malcriado, de un egoísta elevado a la enésima potencia y con la autoestima a unos niveles que no parecen de este mundo, está inundando de tinta los periódicos y de palabras las radios y las televisiones. Unos lamentan la situación porque el pobre no merece la falta de cariño que recibe de su club y otros satirizan el hecho, que en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Bueno, pues el luso ha logrado que dos sean los cristales con los que le mira el mundo.

Y, claro, los que observan el mundo con el cristal menos afín a la causa apelan a la demagogia como recurso con el que fustigar al engominado icono. Se esgrime con frecuencia el recurrente 'con la que está cayendo' para zaherir al gran futbolista y lo cierto es que el caldo de cultivo para que la animadversión que recibía como visitante se multiplique y pueda hasta hacerse insoportable está ya servido. Al otro lado de la trinchera y con cristales diferentes se intenta, la verdad es que con poco éxito, justificar al rutilante astro apelando al poco cariño que recibe de la mayoría de sus compañeros y hasta cometen la impudicia de reclamar una soldada más alta para él.

De siempre abominé de ese periodismo que aboga por una mejora en el contrato del futbolista, llámese como se llame, pero que en el caso que nos ocupa entra de lleno en lo indecente. De toda la vida me pareció ridículo que un periodista que suele cobrar poco, mal o nunca se erija en representante fáctico de un joven millonario para conseguirle una vida aún mejor. Y en el caso que nos ocupa hasta sacan la clasificación dineraria de los mejor pagados. Clasificación, por cierto, que mejor estaba guardadita que aireada cuando las cosas están como están y a este paso me veo a las huestes del atrabiliario alcalde ocupando vestuarios en vez de bancos y supermercados.

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