Desde que la serie de Abrete Sésamo contaba los conceptos básicos jugando hasta ahora que jugamos básicamente con los conceptos han pasado muchos años. Lo que estaba arriba o abajo, y lo que era alto o bajo no ha cambiado. Pero lo de delante y atrás ha dejado huella. Porque no sabemos bien, que hay detrás de muchas cosas. No sabemos que hay detrás de tener que hablar de las intimidades de Epi y Blas después de varias décadas o lo que acontece detrás de un traslado de un pendón fantasmagórico en el que hasta San Dionisio Aeropagita duda de lo que hay detrás. Tampoco tenemos claro que habrá detrás de los premios Ciudad de Jerez, en función del color político que los otorgue. Ni tampoco sabremos nunca que hay detrás de los nuevos autobuses urbanos enrojecidos por arte de magia o de las nuevas calles de uso del ORA, azuladas por endemia recaudadora. No sabremos nunca qué extrañas argucias hay detrás de unas elecciones anticipadas para entretenimiento del personal andaluz, ni detrás de los argumentos de tantas reprobaciones a ministros y jueces, o de las rescisiones de los acuerdos parlamentarios para hacer que los presupuestos dejen de aprobarse, ni, por supuesto lo que hay detrás de los días mundiales de algún acontecimiento como el día de ayer, sobre la salud mental, o como el de mañana, donde se celebra la Hispanidad. Por no saber, no tenemos ni idea de lo que se cuece detrás del mercadeo de tantas vidas en pateras, del inusitado interés en hablar de los casos del dengue en la provincia de Cádiz o lo que puede que hay detrás del tema de las corbetas y las bombas.

Lo que la verdad esconde es digno de estudio. Por eso mejor que se tire de la manta, o mejor, que nos veamos tras el trapo de la magia. Haciendo teatro o adornando la vida. Pero con la verdad.

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