La ciudad y los días

carlos / colón

Estupidez global y redes

GRACIAS a internet y las redes sociales nunca la gilipollez ha tenido tantos medios para invadir el espacio público.

-¿Y no favorecen también a la inteligencia?

-Sí, pero ella siempre sabe encontrar los medios para darse a conocer.

-No sea usted elitista, hombre, ¿y quienes están marginados del acceso a la educación y la cultura?

-Pues mire usted, demagogo lector, resulta que están aún más desvalidos que antes en el universo de internet porque las inducciones ambientales y su propia ignorancia (debidamente cultivada por los planes de estudio vigentes) les invitan a usar compulsivamente las modernas herramientas comunicativas como refuerzo multiplicador de su propia ignorancia.

Crece la ignorancia de lo importante, que es aquello que sirve para vivir sabiendo que se está vivo -eso a lo que se suele llamar pensar y sentir-, a la vez que crece el conocimiento de lo fútil, que es aquello que entretiene y divierte un ratito, pero no justifica que se haya nacido ni hace justicia a ese milagro hermoso y trágico a la vez de ser el único ser con capacidad para pensar y pensarse en todo el universo de momento conocido.

Se trata de ese adelgazamiento de lo real, a causa del desprestigio de las humanidades, que para Martín Garzo es uno de los hechos más preocupantes de este tiempo. El problema se vuelve insoluble conforme los planes de estudio y las inducciones ambientales fomentan la ignorancia de las humanidades. Porque, como ha escrito en nuestro periódico Jaime Martínez Mantero, "cuanto más ignorante se es, más resistencia se ofrece a salir de esa ignorancia".

La ciencia permite alzar rascacielos, curar enfermedades o alargar la vida. Esto forma parte del progreso humano. Pero no basta. Porque hay quien se tira desde los rascacielos o no sabe qué hacer con su sana, larga y vacía existencia.

Es necesario que la vida sea honda, además de larga. Y de ello se ocupan las humanidades dando una dirección ética a la existencia, profundizando la experiencia del vivir, afrontando los horrores o las delicias de la existencia… Esto no lo procuran ni Internet ni las redes, que pueden servir para pescar conocimientos (si se tienen los conocimientos-llave necesarios) pero también para ser pescados por la estupidez global. Como escribe Martínez: "El soberbio ignorante ha encontrado en Internet un cauce para expresarse, para alcanzar sus minutos de gloria".

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