Las dos orillas

josé Joaquín / león

Frustraciones olímpicas

DEBIERON repartir pañuelos de papel para secarnos las lágrimas. Fue una tragedia. Hasta se había presentado, falsamente, como el remedio de la crisis. Se creó así una frustración desmesurada. No fue sólo que falló la presentación, bastante cutre en las explicaciones, sino que desde la semana antes, en Buenos Aires, se sabía que la gran favorita era Tokio. Lo peor no es que Madrid haya perdido por tercera vez los Juegos Olímpicos, sino las formas. Montando un día de luto nacional, culpando a los demás, diciendo que Madrid lo hizo todo a la perfección… Como en los tiempos de Franco, existe una conspiración antiespañola. Y no sólo en Eurovisión.

Cuando la candidatura de la Sevilla olímpica volvió a fracasar, en Madrid dijeron que era débil, que no ganaría nunca y que era mejor dejarlos a ellos, que lo conseguirían. Para los Juegos de 2012 eligieron a Londres y admitieron que iban de novatos. Para los de 2016, concedidos a Río de Janeiro, ni siquiera se debieron presentar, pues se sabía que no repetiría otra ciudad europea. Y, a la tercera, han hecho el ridículo más grande de las tres veces. Vendieron la piel del oso antes de que se comiera el madroño. A Tokio, que ganó por goleada, sólo le faltaron seis votos para la mayoría absoluta en la primera ronda. Pues Alejandro Blanco, presidente del COE, en vez de dimitir, dice que mejor no se puede hacer. Es que no han entendido lo buenos que son. Ana Botella ya afirmó, en su discurso, que no hay nada como un café con leche en la Plaza Mayor. Todo así.

Ocurre, entre otras cuestiones, que las relaciones internacionales de España son penosas. Zapatero, a diferencia de Felipe, pensó que el mundo se acababa en Rodiezmo. Y Rajoy bastante tiene con capear temporales y no hablar ni un parrafito en inglés. Rajoy es gallego, pero los otros no eran chimpancés, sino japoneses. Y tienen una de las mayores economías del mundo, con el dinero preparado, mientras M2020 vendía austeridad de banco de los pobres. A los del COI, que de por sí viven como marajás o jeques, y compran en Louis Vuitton, Armani, Dior y otras tiendas de nivel, no le interesan unos majaras que hablan de ahorrar y gastar poco. En el mundo, incluso hay países que no están en crisis. Parece que nuestros políticos no lo saben.

Escribió Hemingway (y lo repitió Vila-Matas) que París no se acaba nunca. Ahora se ha visto que Madrid no se equivoca nunca. Ni se han enterado de nada.

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