HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Huelga general

28 de septiembre 2010 - 01:00

IRÍAMOS gustosos a la huelga general de mañana si supiéramos que iba contra el Gobierno y no contra abstracciones: la crisis, la banca, los empresarios, el comercio internacional, la codicia de los ricos o la insolidaridad. No estamos ya para luchar contra fantasmas, sabios encantadores, jayanes y endriagos, ni creemos en ectoplasmas ni en burros volando. Nada hacemos en una huelga convocada por unos sindicatos económicamente poderosos, aliados con el Gobierno, al que no quieren molestar. Para colmo se verán banderas republicanas, una de las torpezas innecesarias de la estúpida II República, que convirtió la bandera de España en monárquica y luego en franquista, gracias sobre todo a la ignorancia general. Pero por encima de todo, no iríamos a la huelga por el desprestigio de los sindicatos, que vayan los liberados para no perder sus privilegios, que vayan sus jefes porque viven de ser sindicalistas, además de republicanos, de izquierda y progresistas.

Las noticias de prensa, y aun sin ellas, parecen desmentir todo esto último. Una huelga general contra la magia negra y la brujería no debe ser apoyada por ninguna persona culta. Nosotros no haremos huelga e iremos a comprar, como testimonio, a los comercios que no la hagan. Los piquetes 'informativos', eufemismo político-sindical, sirve para denominar a los delincuentes que invalidan las cerraduras de los pequeños comercios, insultan y amenazan a los que no cierran y a todos los que no quieren hacer huelga, para sumarlos luego en las estadísticas de participación. Si los comercios denuncias la violencia sindical, no les sirve de mucho, porque los sindicatos, si los delincuentes son condenados, salen a la calle para pedir indultos que les son concedidos. ¿Qué diferencia hay entre los sindicatos privilegiados y el gobierno que los privilegia?

Los sindicatos no creen formar parte del Poder instituido. Creen estar viviendo hace un siglo, cuando vivían de sus propias cuotas. Hoy con sus cuotas comerían altramuces y bacalao salado cortado en taquitos, tapas de los tabancos para incitar a beber. ¡Si levantara la cabeza Pablo Iglesias y viera a sus herederos en mangas de camisa, para aparentar que son trabajadores y no sostenedores de un sistema injusto e hipócrita! Cuando los partidos y los sindicatos están en la clandestinidad o son tan minoritarios que no tienen posibilidades de gobierno y de influencia, mantiene cierta pureza y honradez, aunque sus intenciones sean torcidas. Cuando logran gobernar e influir en la sociedad, se corrompen y se disfrazan. Mantienen un aspecto externo de obreros antiguos y un lenguaje izquierdista y cursi que el pueblo no entiende. Tampoco entiende a los sindicatos. Así que para qué hacer huelga sin saber en concreto contra quién va y salvarles la cara a unos sindicalistas que no sabemos a quién representan.

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