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Alfonso de la Quintana

Profesor de Empresa Periodística de la Universidad Rey Juan Carlos

La huella de la Caja de Ahorros de Jerez: Mantaras

LOS jerezanos debemos sentirnos orgullosos de que en Jerez hubiera nacido en 1834 la primera Caja de Ahorros de España a imagen de las instituciones que existía en los países más desarrollados de aquella Europa del siglo XIX. Siendo uno de sus promotores el mítico alcalde Rivero que tanto bien hizo a Jerez y que en épocas de epidemias mientras los políticos huían para no contagiarse, él se quedó con su pueblo.

Por tanto, no es de extrañar que las personas que han trabajado en la Caja de Ahorro tengan un sello humano tan especial y hayan dejado su huella en la historia de muchos jerezanos. Pues, ayudaron a la transformación de un Jerez muy rural a un Jerez más desarrollado, pero sobre todo más humano. Parece que se nos olvida que la Caja de Ahorro en las malas épocas, que eran las más, las familias podían dejar sus pertenencias en depósito, dándose el caso de dejar hasta un colchón, siendo de difícil la valoración de este bien. Pero eran instituciones sin ánimo de lucro cuyo objetivo era el ahorro personal y facilitar crédito a las personas en mejores condiciones. Basta recordar la promoción de sus huchas de plástico duro que representaban esa cultura del ahorro y el esfuerzo. Y con la que tantos niños aprendimos a ahorrar.

Junto a la historia de la Caja de Ahorro de Jerez además del famoso alcalde de Jerez, Rivero y de tantos trabajadores que han ayudado a los comerciantes de Jerez hay un apellido que es: Mantaras.

Jesús Mantaras era perteneciente a esa generación ligada a la Caja de Ahorros de Jerez, como lo fue su padre donde decir “la Caja” tenía un prestigio profesional y humano. Durante años sus profesionales se dedicaron a asesorar a los pequeños empresarios, en su día a día. Lo que permitió en tiempos nada fáciles en Jerez se fuera creando un tejido de pequeñas y medianas empresas que tanto han aportado a Jerez y que todavía perduran. Mantaras siempre fue discreto, lejos de los personajes que estaban comenzando aparecer en la Banca y en otros sectores económicos. No recurrió al figureteo, ni al bombo y platillo tan de nuestro tiempo. Más bien se dejó llevar y aplicó bajo su dirección aquello de que la caridad no hace alarde, ni se envanece, ni busca su propio interés imprimiéndolo en la Caja.

Potenció la función social de las Caja de Ahorros, motivo de su creación con obras de gran envergadura como el Club Nazaret, el Auditorio Cultura de San Benito, o los fondos sonoros y culturales de los cantes de nuestra tierra, que algo tendrán que ver con que la zambomba y el flamenco tengan la importancia mundial que tienen hoy día, en la que tuvo un papel fundamental Pepe Soto y su equipo de marketing, conocedor de lo que nuestra tierra quería. Todo esto, sin olvidar las no menos importantes las ayudas sociales.

La CAJA fue una idea que llegó a Jerez por unos visionarios con un valor humano que muchos jerezanos supieron mantener. Y que debe permanecer en el orgullo de cómo nació esa idea y de cómo muchos jerezanos la perpetuaron ayudando al prójimo en unos tiempos nada fáciles. Un ejemplo a seguir ahora, más que nunca.

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