Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Impostura

La sentencia de la infanta Cristina la retrata como un florero, pero ha conseguido el objetivo que se buscaba

Siempre me ha llamado la atención ese aire de despiste pasota que exhibe Mariano Rajoy en sus comparecencias públicas; esa tendencia a solemnizar obviedades o a liarse con frases tontorronas que luego pasan a las redes sociales para cachondeo del personal, como las famosas del alcalde y los vecinos o la de lo muy españoles que son los españoles que hay en España. Me resulta curiosa esa actitud porque estoy convencido de que encierra una enorme dosis de impostura. Sólo hay que observar la última década de la política española para darse cuenta de que Rajoy es un hábil maniobrero al que no se le va una. Que le pregunten a todos los que le han querido echar un pulso en su propio partido, desde Rodrigo Rato a Alberto Ruiz-Gallardón, pasando por Esperanza Aguirre o el mismísimo Aznar. O a los que se le han querido enfrentar desde fuera: miren cómo está el PSOE, hecho unos zorros y sin capacidad real en estos momentos de ser alternativa de gobierno. Manejar una crisis política y económica como lo ha hecho Rajoy y consumar dos mandatos al frente del Gobierno de España no es algo que se sortee en una tómbola o esté al alcance de cualquier mediocre despistado capaz de decir en una rueda de prensa, ante periodistas de medio mundo, que es bueno que haya empleo porque así la gente, oiga, hace cosas.

De lo anterior se deduce que a veces es altamente conveniente pasar por menos listo de lo que en realidad se es. Hace unos días se conocía la sentencia del llamado caso Nóos, que sentó en el banquillo nada más y nada menos que a doña Cristina de Borbón y Grecia, infanta de España. Lo recogido sobre su actuación en la sentencia corrobora punto por punto lo que ella misma, hija de Rey y hermana de Rey, dijo ante el tribunal: poco más o poco menos que no se enteraba absolutamente de nada de lo que pasaba a su alrededor. Que era, como ha dicho el juez que investigó la causa, un florero. No dudo de la inocencia de la Infanta en los cargos que se le imputaban. El instructor intentó contra toda lógica llevarla al banquillo para cobrarse el triunfo de ser él el primero que lo hacía con un miembro de la familia del Rey. Pero el retrato que de la actuación de Cristina hace la sentencia no puede ser más lamentable para ella misma y para la institución que, de alguna forma y a pesar de los pesares, representa. Aunque el final, y eso parece que es lo importante, se consiguiera el resultado apetecido. Y es que, como sabe muy bien Rajoy, en no pocas ocasiones dar a entender que uno no se entera de nada es la más provechosa de las actitudes. A ver si ustedes aprenden.

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