PARTIDO de domingo a las cinco. La ciudad, harta de incongruencias y reveses sociales se ha echado a la calle para beberse su drama o, al menos, espantarlo por villancicos de los que Jerez siempre ha enseñado. El partido de la tarde del domingo, inmerso en los atractivos de vísperas navideñas, ofrecía sólo ciertos atractivos. Pero allí estaban los de siempre esperando que ese gran partido en Chapín que el entrenador clamaba como necesario, tuviera lugar.

El Gerona - la de i de los necionalistas con e de necio la vamos a dejar para cuando don Mas y sus bocazas provocaciones atemperen sus absurdos posicionamientos independentistas - no era equipo, a priori, que pudiera asustar; a posteriori asustó, sacó lo colores y hasta casi avergonzó. El equipo catalán salió vestido de nacionalista y los de aquí con la nueva que ha proporcionado la casa de prendas deportivas recién estrenada.

Hasta Chema, normalmente bien equipado, iba con un color feo como el que usa el Madrid para que el Sevilla le gane. Desde el primer momento los gerundenses demostraron estar por encima del Xerez cuyo centro de campo, cuando existía, hacía aguas por todas partes.

Muy malos todos y la gente esperando que el Señor Vigo, tuviera a bien, acordarse de José Mari; absurdo a todas luces viendo lo que se veía y sabiendo que el futbolista sevillano no estaría físicamente para mucho. Cuando salió no se notó su presencia porque el equipo no llegaba arriba y, cuando lo hacía, era con escasa razón.

Partido sin historia o partido con la mínima historia que escribe este equipo con tantas faltas de ortografía y sin un maestro en el banquillo que sepa o pueda cómo corregirlas. Vimos muchas veces al Señor Vigo mover la cabeza de un lado a otro como sin dar crédito a lo que veía en el campo. Mala cosa esa.

Mala, pésima, la imagen del campo, porque todos los que no vestían con la bandera de Cataluña lo estaban haciendo mal. Mala, la impotencia del entrenador sin saber qué hacer. Mala, de nuevo, la cara del equipo en Chapín que da escasísimas alegrías a una afición, cada día más harta de lo que hay en este equipo, donde cualquiera llega a Chapín y te saca los colores sin saber, los de corto y el que los dirige, muy bien, como ni por qué.

Las previas navideñas hacen olvidar a la ciudad lo malo que está cayendo. Lo que se cuece en Chapín parece, más bien, una inocentada prenavideña.

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