la tribuna

Juan José López Garzón

Mercados y supermercados

EN agosto ha tenido una considerable repercusión mediática, tanto a nivel nacional como internacional, el asalto a dos supermercados en las provincias de Sevilla y Cádiz por personas ligadas al Sindicato Andaluz de Trabajadores. El resultado de este asalto, que se puede calificar de simbólico, ha sido sacar de los centros comerciales unos pocos carros llenos de productos básicos, como garbanzos, arroz, aceite, galletas etc., sin pagar su contenido. Dejemos claro que tal acción es rechazable y más aún si se prueba, conforme se ha publicado, que empleados de uno de los centros afectados sufrieron algún tipo de violencia.

La repercusión mediática de estos hechos se ha visto acentuada por la presunta participación, directa o indirecta, de un miembro del Parlamento de Andalucía. Nuestros representantes públicos han de ser los primeros en evidenciar con su comportamiento que la democracia es el respeto de todos a las leyes que emanan de los parlamentos, y son los diputados, considerando su peso en las cámaras, los que deben cambiar aquellos preceptos que consideren injustos. Por otra parte, es verdad, que en Andalucía estamos acostumbrados a que todos los veranos la organización a la que pertenecen los participantes en estos asaltos organicen movilizaciones que le permiten un protagonismo informativo que, por lo general, no se corresponde con su peso institucional en la sociedad andaluza, y que en esta ocasión se ha visto incrementado por la especial situación económica que vivimos y por ser Andalucía una comunidad en la que su gobierno tiene una composición única en relación con los demás comunidades autónomas.

En cualquier caso, los presuntos participantes fueron detenidos, parece ser que por órdenes del ministro del Interior, como en tiempos ya pasados, y puestos a disposición judicial para que, como no puede ser de otra forma, la justicia se pronuncie.

Un par de días después de los hechos que comentamos, el presidente del BCE, Mario Draghi, en unas nuevas declaraciones, dijo que los salarios en España deberían experimentar una sensible disminución. Es de suponer que tan alto dirigente económico tiene correcta información sobre el salario medio en nuestro país, la relación de éste con el coste de la vida, la caída del consumo, y como consecuencia de la recaudación fiscal que se está produciendo, por la falta de renta disponible, el índice de morosidad, que puede llegar a final de año al 10%, la evolución del IPC que Funcas estima en el 2,8% en este año e Intermoney en el 3%. Incremento del coste de la vida que se debe fundamentalmente a la subida del IVA, los carburantes, al copago sanitario, el precio de la energía etc., es decir, a servicios en los cuales el ciudadano tiene poco margen de ahorro.

Con este panorama una nueva disminución de salarios supondrá menos actividad económica, menos recaudación fiscal, más paro, mas pobreza. En definitiva, profundizar en una crisis a la que la austeridad compulsiva y la caída de salarios no pone freno; al contrario, la agudiza. Si comparamos los datos macroeconómicos de final de 2011 con los actuales todos han empeorado. Es decir, la renta disponible de los españoles para el consumo es cada vez menor. Pues bien, al señor Draghi le parece que aún debe disminuir. Mientras el asalto a los dos supermercados fue recibido durante días con gran alarde tipográfico y de opinión, las declaraciones-advertencia a las que nos referimos ocuparon su lugar en las páginas de economía y en un par de días, como máximo dejaron de ser noticia.

Pero la amenaza está ahí, máxime cuando el riesgo de un rescate pende sobre nuestras cabezas y la compra de bonos por el BCE deberá ir precedida de una solicitud del país que lo precise, lo que supondrá el previo establecimiento de condiciones. Y es que existen unos dirigentes político-económicos que prácticamente tienen impunidad para decir y hacer, o no hacer, cuanto estimen oportuno sin que en la práctica tengan que dar explicaciones de las consecuencias de sus decisiones. Decisiones que al ejecutarlas, o impedir que otras se ejecuten, llevan a la ruina a cientos de miles de vidas de ciudadanos que lo único que hacen es trabajar, cuando tienen esa suerte, empobrecerse y sacrificarse para pagar las bacanales financiero-especulativas de las que ellos fueron tan solo espectadores.

Declaraciones de este tipo, junto a las de otros líderes conservadores, que casualmente siempre exigen el sacrificio y las penalidades a los más débiles, lo que hacen es envalentonar a los mercados que están esquilmando los recursos de los países más necesitados. Declaraciones y decisiones que, hasta ahora, lo que han conseguido es que estos países tengan cada día más déficit, más deuda y más desempleo. Todo esto ante lo impotencia de un gobierno, el español, que cada día tiene menos peso político internacional y no es capaz de modificar o atenuar las exigencias que cada dos por tres se nos hacen y que nos empobrecen de forma inexorable. El atraco de los mercados continúa, la economía especulativa vive sus días dorados, sin que se vea voluntad política de ponerle freno.

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