Más que mirar las barbas de tu vecino para ver si peligran las tuyas, en lo que hay que fijarse es en la situación de aquellos a los que apoyas, defiendes o incluyes en tu círculo. Si empiezan a ser cuestionados, si dejan de recibir elogios y son vapuleados con críticas inmisericordes es momento de pararse y reflexionar: esas pistas anuncian el desafecto. Es curioso que el alcalde de Sevilla, que aspira a ganar las primarias en las que se elige quién liderará el PSOE andaluz, haya pedido que no acudan los ministros en manada para a expresarle su apoyo, consciente Juan Espadas de que Pedro Sánchez no atraviesa el momento de mayor entusiasmo de la militancia. Hasta ahora la excepción ha sido la ministra Ribera, que ha entrado en campaña a través de un vídeo para resaltar, el Día Mundial del Medio Ambiente, que Espadas ha hecho bien los deberes como munícipe. Tan negativo es para el alcalde el apoyo incuestionable de Sánchez, que el arma que más utiliza su adversaria Susana Díaz es precisamente que Espadas es el candidato del presidente.

Hay un síntoma más de que estar cerca de Sánchez no da prestigio: aconsejar la ministra de Sanidad que los vacunados con Astrazeneca en la primera dosis pidan Pfizer en la segunda, e inclinarse de forma abrumadora por Astrazeneca, indica que la credibilidad de Darías, simplemente por ser ministra de Sánchez, ha decrecido de forma significativa. Como ha decrecido Fernando Simón. Hoy su palabra, sus sugerencias, sus indicaciones, son papel mojado.

Es verdad que no ayuda que la propia ministra echara abajo sus indicaciones de que las mascarillas tendrían que retirarse gradualmente, o que le parecía un error abrir las fronteras al turismo sin poner limitaciones a ciertos países, pero da la impresión de que Simón ha quedado también "contaminado" por su estrecha relación con el presidente. Por no mencionar que Sánchez necesita un chivo expiatorio para hacerse perdonar muchos de los errores cometidos y nadie como Fernando Simón para obtener ese título. Ya le están preparando un cargo de los que se denominan "patada hacia arriba".

Los sondeos insisten en que el PSOE no se repone y que Podemos sigue a la baja como consecuencia de su alianza con Pedro Sánchez. Lo que abunda en la idea de que el presidente ha iniciado una etapa en la que se le ve como un socio peligroso. Sucede además en un momento en el que Pablo Casado no está tomando decisiones apoteósicas, de políticas de Estado, sino que vive al trantran del resultado de Ayuso en Madrid. Eso significa que el declive de Sánchez no se debe al mérito de sus adversarios, sino a deméritos propios.

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