Diario De las artes

bernardo Palomo

Pararse a contemplar

NO es nuevo, ni mucho menos, lo de convertir el escaparate de un comercio en un pequeño espacio donde exponer obras de arte con motivo de una ocasión especial. Ya lo habíamos visto en Cádiz, en Málaga, en Sevilla y en Jerez. No cabe duda de que el verano portuense es una magnífica ocasión para llenar de creatividad los escaparates de los comercios y dar un nuevo sentido al paseo de propios y extraños, todo no va a ser sólo playa, copitas y mariscos en Romerijo. Siempre hemos pensado que El Puerto podría se uno de los sitios más idóneos para convertirse en el centro neurálgico de actividades culturales de la provincia en época veraniega. Por eso, es importante esta iniciativa a la que hemos encontrado, no obstante, con bastante poca información y pasando, por tanto, desapercibida en el contexto general ciudadano.

La galerista portuense Milagros Delicado se ha rodeado de un ramillete de siete artistas que han llenado algunos de los escaparates del centro de El Puerto de estética, la mayoría de las veces, relacionada con la propia ciudad. En la calle Palacios, José Antonio Chanivet y José Manuel Paredes; Keka Raffo y Emilia Sánchez Ybargüen en Ganado; Basilio Iglesias en la calle Luna y Daniel Sueiras y Juan Ángel González de la Calle en Larga. Siete realidades artísticas que patrocinan otras tantas dimensiones estéticas que desentrañan los amplios y arbitrarios esquemas de la contemporaneidad artística.

Juan Ángel González de la Calle recrea en tres dimensiones un elemento habitual en su última pintura, una espectacular lámpara confeccionada con uvas; asunto que la envuelve de un especial patrimonio contextual y le aporta inmediatez y nuevos desenlaces significativos.

Daniel Sueiras plantea una cáustica relación entre el poder, entre los gobernantes y los simios. Con su particularísima pulcra estructuración formal realiza un bello busto a lo romano, así como una galería de retratos donde la imagen del mono patrocina ese ideal desenlace que el artista le concede.

Muy impactante es la representación del entrañable Vaporcito de El Puerto que realiza Basilio Iglesias. Muy bien compuesto el elemento representativo, con originalidad y solvencia compositiva y muy acertado el desarrollo ilustrativo que acompaña la instalación a base de pájaros de papiroflexia.

La personalísima pintura de José Manuel Paredes se pone al servicio de una intervención llena de festiva ilustración de un Puerto de Santa María que el artista ha dotado de vocación universal. Las calles, los edificios emblemáticos, los parques y todo aquello que configura el entramado urbanístico de la ciudad se yuxtapone y crea una jocosa interpretación de un Puerto con ansias cosmopolitas.

José Antonio Chanivet es un pintor y diseñador de muy amplio recorrido. Su obra nos hace transitar por unos espacios propagandísticos que plantean los desenlaces de una existencia implacable, de mucha necesidad y con postulados ambiguos que desentrañan una problemática existencial puesta en evidencia desde los descarnados anuncios de la compra de oro.

Bastante recurrente es la instalación de Emilia Sánchez Ibargüen, intentando reivindicar un Puerto lleno de vegetación y ajeno a esa deforestación que llevan consigo las urbes modernas. Un espacio con excesiva manifestación floral abruma la propia realidad pretendida, desvirtuando la visión de algunos aspectos de la intervención.

Por último, Keka Raffo, interviene el espacio del escaparate con muchos elementos coloristas de dispar naturaleza plástica que parecen plantear una festiva interpretación de la ciudad y sus ambientes lúdicos.

Interesante proyecto que puede aportar cierta alegría a los tristes panoramas artísticos existentes. No obstante, encontramos ciertas deficiencias, las más apreciables la falta de información y la necesaria claridad para saber encontrar las obras. Sin embargo, bienvenidos, sean muchos como éste.

Varios espacios, El Puerto

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