LA TORRE DEL VIGÍA

Juan Manuel / Sainz Peña

Pepe Quesada: el talento melancólico

CONOCÍ a Pepe hace ahora justo un año. Coincidimos en un viaje a Santander, donde recibiría muy merecidamente en XVI Premio de Narrativa 'Santoña, la mar', -donde yo iba como finalista- con un relato que ya le había leído, y que es una delicia de principio a fin. Nada malo tuvo que el premio y los 4.000 eurazos fueran para él, y no para mí (aunque ya me hubiera gustado, qué narices).

Luego hemos seguido en contacto, y he podido leer muchas más cosas suyas; todas absolutamente maravillosas, aun cuando su pluma melancólica nos lleve a paisajes y personajes trazados ya por García Márquez o Juan Ramón Jiménez, pero que no restan, desde luego, sino que suman a un talento feroz del que se disfruta al leerle.

Sus personajes, los escenarios, todo rota alrededor de la miseria existencial, del dolor y el recuerdo de los que se fueron trágicamente, pero tintados, ora con delicadeza, ora con toda crudeza, porque Quesada, talento melancólico y explorador de las almas torturadas, bosqueja en sus párrafos a modo de preciso bisturí con el que abre la carne y llega al corazón.

Quesada tiene un puñado de importantes premios literarios y ahora, parece, va a publicar para deleite de todo aquel al que le guste la literatura con mayúsculas. No recibirán a cambio de la lectura -lo aviso- un trago fresco de narrativa amable, antes al contrario: la ficción de Pepe es desgarradora, atroz, pero contrarresta todo ello con una radiografía precisa de la condición humana, de sus eternos complejos, de su condición salvaje y sin escrúpulos. Gira su prosa, como la mejor de las poesías, apoyada sobre los ejes de los versos, esto es: el amor, la muerte y el paso del tiempo. Ingredientes de la vida misma que Quesada plasma con el rigor y el tino de los escritores grandes.

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