Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

¡Soria al Banco Mundial!

PARA pasmo e indignación de propios y extraños, Rajoy se ha pegado un tiro en el pie con la designación del ex ministro José Manuel Soria como candidato a dirigir nada menos que el Banco Mundial, a pesar de que una muy negra sombra de duda gravita sobre el político canario tras la aparición de su nombre en los llamados papeles de Panamá, por lo que dimitió, o fue dimitido. No se entiende que con la situación de interinidad gubernativa e inestabilidad institucional que nos aqueja, el propio presidente proponga a Soria… salvo que se dé una o varias de las siguientes circunstancias, a saber.

Primero, que la máxima de clan "entre bomberos no nos pisamos la manguera" o su complementaria "hoy por ti, mañana por mí" sean de aplicación. Segunda posibilidad, no incompatible con la anterior, que el ministro defenestrado sepa cosas incómodas, y el hombre se haya plantado: "Fui obediente y me inmolé; como no me deis lo mío, canto la traviata; mala suerte que a estas alturas no hayáis podido formar Gobierno". Tercero, que se dé lo que ya se produjo con Rato y Aznar o Cristina Narbona y Zapatero: ante perfiles incómodos (en el caso de Narbona, sin atisbo de corrupción), una patada hacia arriba, y bien lejos. Imposible no recordar La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender, en la que un taxista pregunta a un niño impertinente: "¿Y en tu pueblo qué hacéis con los hijo de p.., niño?", a lo que el golfete responde "Los mandamos a Sevilla para que se hagan taxistas". Que disculpen los taxistas, pero igual que a Rato lo mandaron al FMI de Washington para que el aún presidente Aznar colocara en su sillón a un subordinado más manipulable y manso (Rajoy), e igual que Zapatero mandara a la OCDE de París a la díscola Cristina Narbona, azote de lobbies energéticos, ahora el Gobierno propone a Soria para irse también a Washington de taxista máximo del Banco Mundial.

Rajoy le da otro tiro en el pie a España, a su imagen exterior de país corrupto y pícaro. Muchos militantes y votantes del Partido Popular están estupefactos. El galleguismo tópico que se atribuye a Rajoy alcanza su clímax cuando declara que "sería ilegal" negarle a Soria la candidatura: ¿era ilegal no proponerlo o proponer a otro, cabe preguntar por pasiva? Esta decisión tan maloliente no ya va a confirmar a los extraños que el PP tiene una condición proclive a la componenda tribal -si no corrupta-, sino que moverá al desafecto a muchos propios. No serán pocos quienes, por esto, descarten votar a Rajoy en las próximas elecciones.

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