Su propio afán

Tercio de muerte

Bonita paradoja: Macron no puede acoger a un socialista porque está deseando acogerlos a todos

Titulé mi segundo artículo sobre las elecciones francesas "Segundo tercio" y en el primero hablaba de que el Frente Nacional había superado el primer tercio de votos. Un amable lector me ha preguntado que para cuándo el tercer tercio. No era mi intención, pero he creado la expectativa de una serie, al menos en uno, y uno, para mí, es diez mil, si es el lector. Que siempre tiene razón. Y esta vez la tiene: quedan tres cosas por decir.

La primera la ha dicho Manuel Valls: "El socialismo ha muerto". Lo advierte un socialista que quiere resucitar en el cuerpo glorioso de diputado por Macron. Los franceses tienen un talento natural para las frases redondas y, mientras en España al socialismo lo están rematando y no termina (véase el CIS) de morir, allí ya le han clavado un epitafio. En ambos casos, la situación del socialismo es terminal.

Y va a costar reanimarlo. Valls lo ve imposible y se ha marcado un movimiento espasmódico. Quizá los expertos en política francesa le encuentren un sentido, pero, tras la barrera de los Pirineos, no se entiende que un exprimer ministro traicione a su partido sin haber tanteado antes el terreno. Ahora se encuentra con la lógica expulsión del Partido Socialista y que el partido emergente no está por acogerlo del todo y sin peajes. Lógicamente: porque para qué va a meter Macron en su casa a una sombra (que a la larga puede hacérsela) y por qué va a molestar a los socialistas andantes, que están enfadados, y a los que, a corto plazo, pedirá el voto. Bonita paradoja: Macron no puede admitir a un socialista porque está deseando admitirlos a todos.

Por último, en el segundo tercio, planteé la necesidad del Frente Nacional de estirarse más, y las dudas de que tuviera elasticidad. Incluso sugería que el secreto de la fórmula estaría en un conservadurismo capaz de conciliar contrarios. En pocas horas, se ha roto el partido. Su joven promesa, Marion Maréchal-Le Pen, que representa la postura precisamente más conservadora del FN (más posibilista en la pertenencia a la UE, más liberal en lo económico, más tradicional en las costumbres) se va, harta de la deriva radical-populista.

Justo el movimiento contrario de Valls, que quiere meterse a toda costa. Marion se marcha, a las primeras de cambio, pero enseñándole el camino de vuelta (el suyo) a su partido. Claro que Valls al Partido Socialista no puede enseñarle nada, porque lo ha dado por muerto.

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