Agosto entra en su curva final, si el sopor del verano es buen caldo de cultivo para promesas y anuncios, el nuevo curso político nos debería sorprender cambiando gestos por respuestas efectivas. Es probable que no se puedan abordar, dada la debilidad parlamentaria, los problemas estructurales del Estado, como la cohesión federal, la reforma fiscal y laboral, o un nuevo sistema de financiación autonómico y local, pero no hay excusa para aplazar medidas de redistribución del crecimiento en el conjunto de la sociedad, empezando por los más vulnerables. Para compensar desequilibrios es imprescindible ampliar el margen de maniobra presupuestario, [déficit, techo de gasto, mejora en financiación, reinversión pública del superávit], de todas las administraciones.

Susana Díaz no debería olvidar que el Parlamento asumió su propuesta exigiendo más de 5000 millones adicionales para poder atender los servicios públicos de más de 8 millones de personas. Si la Presidenta es incapaz de mantener este nivel de representación de los intereses andaluces, tenemos derecho a desearlo, debería plantearse convocar elecciones y ceder el puesto.

Aquí tampoco estamos exentos de gestos con ese ritmo preelectoral al que nos condenan. No estaría de más que desde el gobierno local, además de inaugurar lo ya inaugurado, se planteara un proyecto viable e integral de ciudad, no solo a corto plazo, y desde la oposición local asumieran este compromiso dejándonos de hacer pasar la "vergüenza ajena" de ver su foto, como caciquillos populistas, regalando lavadoras de segunda mano a familias necesitadas. Es deseable que se resuelva la adjudicación del servicio de limpieza con un nuevo pliego de condiciones que supere el tijeretazo del 25% de la Señora Pelayo en 2012. Jerez se merece estar más limpio y tenemos derecho a desearlo.

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