Notas al margen

David Fernández

Usted invita

BEBER de pescuesi es para algunos un arte. Hasta quienes gozan de cierto patrimonio disfrutan el doble cuando salen de un restaurante sin meterse la mano en el bolsillo. Convidar lo hace cualquiera, ya saben, hoy es un acto casi heroico y tiene su recompensa. Pero que te inviten no tiene precio. Lo ideal es pasar desapercibido. Conviene hacerse el remolón, con clase a ser posible y llamando la atención del camarero con el índice, justo un segundo después de que alguien se haya decidido a pedir la multa. Si a cuadrar las cuentas nos gana cualquiera, aquí somos pioneros en hallar la fórmula para no pagar o cuanto menos obtener una rebaja. El abanico de artimañas se despliega en eventos de tanto postín como la Feria, aunque cualquier barra es válida. Ahora bien, desde el gorrón de toda la vida hasta el buitre carroñero convendrán que los políticos, los congresistas en particular, se han superado. A su lado, el ciudadano normal y corriente que obtiene una ronda de la casa por jartible es un simple aficionado. Sin más rodeos, diga si no dónde se ha visto que se subvencione el gin-tonic en el mismo país que no tiene para pagar el comedor de los niños, la pensión de los mayores y los cuidados de los discapacitados. Pero no se mosquee, admita que no hay mejor sitio donde rebajar los precios que en el bar del Congreso. ¿No es la casa de todos? Todos los problemas que sacuden al país pesan sobre sus hombros y ellos han de entregarse a su deber. Hágase un favor y no caiga en la tentación de tomarla con los políticos porque ya el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, matizó que las cafeterías de la Cámara cumplen una labor "social", ya que la usan también funcionarios, policías, periodistas... ¿A que ya pensaba usted en un bar de mala muerte? Eso le ocurre porque no sabe escaquearse cuando piden la cuenta a su alrededor y tampoco se atreve a pedirle a Hacienda que le conceda una triste subvención. Pero hay que rendirse ante la evidencia. La estrategia de los diputados para beber copas low cost, bajo la fórmula de la subvención, es más original que olvidarte la cartera en la oficina, la oportuna llamada de móvil y la recurrente visita urgente al baño. Todos resultan argumentos tan lamentables como pedir al camarero que invite porque te acaban de tirar el cubata encima. Por fortuna, los que debieran dar ejemplo van muy por delante de sus ciudadanos consiguiendo copas en Madrid a mitad de precio: 3 euros el combinado. C'est la vie, a usted le suben el recibo del agua sin comerlo ni beberlo pese a que le juraron en arameo que sería imposible y a ellos les subvencionan el digestivo. No tiene nada que ver y guarda estrecha relación. Usted creía saberlo todo cuando descubrió que a los políticos les gusta viajar en primera y subirse las dietas a escondidas y ahora observa que no tenía idea. Mire el lado positivo: la especie evoluciona y de los concejales de medio pelo que ejercían el poder en un reservado donde los langostinos los pagaba el pueblo hemos pasado al congresista de última generación con iPhone y iPadincorporado que no se va a dormir tranquilo si el pueblo no invita le al gin-tonic.

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