Tribuna Cofrade

Ángel Heredia Barea

Cofrade de la Clemencia

“Si ellos se callan, las piedras gritarán”

LA Navidad, el nacimiento de nuestro Señor, pone de manifiesto el sentido sagrado y trascendente de todo nacimiento humano, en cada niño que nace encontramos esa alegría encarnada del Emmanuel, cada niño desde su concepción participa de la vida misma de Dios.

En todo el orbe cristiano celebramos dentro de la octava de navidad la matanza de los santos inocentes, no es casualidad, estos niños dieron su vida por el nacimiento de Cristo. Herodes mando asesinar a todos los niños menores de dos años, tenía un único fin, borrar a Dios de su pueblo, romper los planes de Dios. Desgraciadamente hoy Herodes es contemporáneo, vive entre nosotros, 95.000 niños fueron asesinados el pasado año en España, 2.500 en Cádiz, estas cifras sin contar todos lo producidos por la píldora abortiva de “día después”. El fin sigue siendo el mismo, borrar a Dios de nuestra sociedad, borrar toda transcendencia de nuestro ser y aupar a la “voluntad propia” como valor supremo de nuestra era, aun cuando para ello sea necesario asesinar a miles de inocentes en el mundo y ahondar en una cultura de la muerte, el fondo es todavía más dramático “ El fin justifica los medios “, por cierto, estableciendo con ello distintas dignidades de persona según su morfología y desarrollo, en cristiano y clarito, abriendo la caja de pandora y jugando con los estados de la vida naciente y terminal. (Aborto y eutanasia)

Llegados hasta aquí, y siendo las hermandades las asociaciones de laicos más antiguas en el seno de nuestra Madre la Iglesia, las cuales siempre hemos estado cerca de los más necesitados, de los más desvalidos de la sociedad, me planteaba que podríamos hacer algo más, mucho más. ¿Podríamos formar e informar a nuestros hermanos, a nuestros vecinos, a nuestros hijos con razones claras y contundentes de porque tenemos que estar en contra del aborto y a favor de la vida? La respuesta fue contundente ante el Señor, “Les aseguro que si ellos callan la piedras gritaran “.

Es paradójico que un grupo de la misma especie sean los que decidan si otros miembros de la misma especie tiene que vivir o no, y todo ello en un marco construido bajo la “libertad y derecho individual “que ha hecho que muchas veces la familia, verdadero santuario de la vida se convierta en ocasiones en el tribunal donde es negada esa vida sagrada.

Tenemos la certeza científica que hay vida desde el momento de la concepción, no hay más, cada embrión es un ser nuevo e independiente de la madre y el padre, es un ser único e irrepetible en una fase de desarrollo de nuestra existencia. Desde el inicio de la concepción tenemos una persona única e irrepetible y con la misma dignidad que cualquier otra persona.

Formemos a nuestras juntas de gobierno para que a su vez formen a nuestros hermanos, ¿nos podemos imaginar 30.000 cofrades con una idea clara de la defensa de la vida y abanderando esta defensa del no nacido? Conferencias, debates, ciclos… todo será bueno para concienciar a nuestro pueblo de esta barbaridad. La libertad individual no puede estar amparada y justificada en la aniquilación del más débil, es anticristiano y así debemos expresarlo claramente y sobre todo tomar postura personal e institucionalmente. ¿Y si fuéramos capaces de ofrecer una noche de oración ante el Santísimo cada hermandad para rezar y librarnos de este crimen que es el aborto y pedir al Padre por todos esos niños asesinados?

Por cierto, felicitar a la Hermandad de la Defensión y a nuestro amigo y cofrade el doctor D. Miguel Merino Aranda por la extraordinaria conferencia “En defensa de la vida “celebrada el pasado día 12 de diciembre. Aprovechemos la sabiduría y conocimiento que nuestro hermano del Santo Crucifijo posee sobre el tema para el bien de todas las hermandades de la ciudad, sería un buen comienzo. Encomiable también el trabajo de RED MADRE a la cual todos deberíamos ayudar a poner en valor la valentía y arropar a esas madres que siguen adelante con sus embarazos aun cuando toda la sociedad le pide lo contrario.

Tenemos un mandato claro expresado en el magisterio de la Carta encíclica de San Juan Pablo II Evangelium Vitae “cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne es confiada a la solicitud materna de la Iglesia, por eso toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia”. Porque si no… “las piedras gritaran”.

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