Ad Hoc

Manuel Sánchez Ledesma

El interés general

RESULTA de lo más ilustrativo observar la disputa en que andan enzarzados los partidos políticos ante la pretensión del Gobierno de cambiar el actual sistema de elección de los alcaldes de cara a los próximos comicios municipales. Mientras que los del PP se empeñan en que sea elegido alcalde el candidato de la lista más votada, los del PSOE (con el incondicional apoyo de los partidos susceptibles de verse favorecidos en las habituales componendas post electorales) consideran una suerte de aberración el hecho de que, dándose la condición aritmética de falta de mayoría, no se pueda designar a la máxima autoridad municipal comprando las voluntades de los grupos minoritarios mediante el oportuno reparto de canonjías y sinecuras. En contra de lo que todos pregonan, la realidad es que ninguno persigue ese "interés general" supuestamente expresado en las urnas. El PP barrunta que, merced al desgaste de gobernar, lo va a tener crudo para sacar la mayoría absoluta en las plazas claves (Madrid, Sevilla, Valencia…) y, en consecuencia, se fabrica una modificación electoral "ad hoc" para poder seguir mandando -con mayoría simple- en las ciudades importantes. Por su parte, el PSOE se niega a la reforma porque supone que si bien con su manera de hacer oposición -antes planfetaria que constructiva- no le alcanza para ganar con el actual sistema electoral si le es suficiente para -asociándose con el diablo si hace falta- impedir que triunfen los populares en los sitios estratégicos. Las elecciones sólo son una molestia necesaria para unos partidos que suscribirían sin rubor alguno la frase de Rhett Butler a Scarlett O´Hara en "Lo que el viento se llevó": "Francamente querida, [los votantes] me importan un bledo". Así se explica que a pesar de cobrar sueldos de futbolistas a ningún asesor político se le haya ocurrido, por ejemplo, proponer a sus jefes la elección de alcalde separada de la de concejales; el primero votado por todo el censo -si procede a doble vuelta- y los segundos elegidos uninominalmente por distritos o barrios. La pega es que en ese más que ensayado sistema, los cargos electos se verían forzados a representar a los vecinos… en lugar de al partido. Y ya puestos a reformar por qué no sustituir el actual sistema de elección de diputados por listas por uno mayoritario (como en el Reino Unido) por distritos que transformaría por completo la relación entre elector y elegido en beneficio de aquél. Y siguiendo con las reformas por qué no alentar la separación de poderes eliminando el Tribunal Constitucional en favor de un Tribunal Supremo al margen del Gobierno y el Parlamento y, puestos a soñar, por qué no dejar que sean los españoles quienes elijan a su Jefe de Estado en vez de heredarlo. Esas sí serían verdaderas reformas democráticas y no esta milonga del "alcalde por aclamación" que ahora nos quieren vender.

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