Jerez íntimo (Espacio patrocinado)

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

¿Un chute de incoherencia?

¿Qué diantres está sucediendo -ya nunca más a la chita callando sino a ojos vista- en este enigma de reloj de arena que hemos dado en llamar mundo? ¿El gentío ha perdido el norte como el envidioso a nativitate la serenidad interior? ¿Ya ni sabemos comportarnos en el escrupuloso cumplimiento de las medidas sanitarias ni tampoco cuando una nevada llama a la calma chicha y no a la guerra de guerrillas de las infantiles batallas de bolas como ejercicio de muchedumbre desalmada? ¿Las mascarillas no sirven sino para mal disimular la sinvergonzonería de algunos trileros y troleros con aparente ánimo de contagiar a diestro y siniestro? ¿La picaresca es la asignatura troncal que glorifica la chapuza?

¿Está el procomún de los mortales desatento o alterado al desgaire? ¿La mala leche campa a sus anchas? ¿Qué desentraña el ínterin de los telediarios de las tres de la tarde: las luchas encarnizadas de unos contra otros -al más cainita estilo del garrotazo y tentetieso de Goya- no acentúa nuestra deliberada pirueta hacia la autodestrucción? ¿Se ha metido el planeta Tierra un chute de incoherencia? ¿Ha perdido cierta parte de la sociedad la alteza de miras? ¿El derredor que ahora observamos hace gala de una suplantación lunática de la realidad? ¿La incertidumbre en la que andamos metidos de hoz y coz -en lo virológico, en lo político, en lo educativo, en lo laboral, en lo climatológico- se ciñe al decurso que la Humanidad estaba adquiriendo en su vehemencia sin coto de homo homini lupus?

¿Estamos viralizando las emociones? ¿Estamos digitalizando los sentimientos? ¿Estamos cosificándonos como príncipes encantados de algoritmos, píxeles, apps en el aquelarre de lo virtual? ¿Si el 2020 ya nos parecía una cifra altisonante, por el contrario de veras deseamos mejorarnos ya desde estos prefacios del 2021? ¿Somos víctimas del adoctrinamiento demagógico? ¿Hasta qué punto -pronóstico sobre el filo de navaja de la duda- deseamos la conversión del yo? ¿Somos valientes o hipócritas de puro acomplejados? ¿No advertís que aún culean paisanos en su (peor) versión anterior a la pandemia? ¿No hay personas tan rayanas a la inoperancia que incluso han sido incapaces de radiografiarse durante el confinamiento? ¿No detectáis aquellos que han desaprendido la oportunidad de la mejora interior? ¿Hasta tal punto estamos poseídos por el conjuro de la soberbia? ¿O por la abstracción de la ceguera?

¿Por qué quien camina sobre la lóbrega oscuridad -de sus deméritos por efecto boomerang- no cesa de lanzar dardos de cicuta hacia aquel otro que brilla en su propia realización vital? ¿Cobra fuerza el malditismo como apostura ante la sangre invertebrada? Escribió Caballero Bonald en su poema ‘Casandra’: “La vecindad del caos/ rondará tu conciencia/ y nunca ya creerás en más augurios”. Aguda advertencia visionaria la del escritor jerezano.

Más no todo interrogante abierto ha de conducir al pesimismo. El optimista es un tozudo del progreso. Ahora toca negarnos a nosotros mismos, despojarnos de la cascarilla del superhombre que nunca fuimos y sacar pecho. Sin resentimientos antiguos -que sólo empequeñecen la putridez moral de quien los evidencia-. De cada uno de nosotros -milagro de la unidad del ser- depende. En una de las lecturas que los Magos de Oriente han depositado sobre la celosía de mi intacta ilusión puede leerse lo siguiente (omito el autor y la obra): “Pero juro que desde esa infancia en los jardines de la Plaza de Oriente me propuse ser humano sin vanidad ni intriga, humano sin hipocresía, viviendo en la mayor modestia sólo para alcanzar en mi transparencia el sentido de la vida, su inefable préstamo de visiones y realidades”… ¡Ojalá estas palabras no sean sino imantación consciente de nuestro propósito de enmienda! ¿Apretamos los dientes, sonreímos y, como bucaneros hermanos, nos lanzamos a la reconquista de la alegría de vivir?

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