La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Cuando las leyes ignoran la realidad

Los ciudadanos se comportan con valor y la policía hace bien su trabajo. El problema está en las leyes y su interpretación

El compañero Fernando Pérez Ávila terminaba la información exhaustiva sobre el autor confeso del asesinato de Brenes con esta frase: "En las próximas horas será puesto a disposición judicial y, con toda probabilidad, será enviado de nuevo al lugar de donde quizás nunca debió salir: la cárcel". Conocida su larga trayectoria de delitos y asesinatos -no solo matando, también destruyendo a personas inocentes a través de la difamación- es imposible no estar de acuerdo con él. El sujeto tiene 43 años y ya carga con tres asesinatos además de otros delitos. En este país la realidad va por un lado y las leyes por otro.

Los informativos nacionales han emitido las imágenes del atraco a una farmacia -el segundo perpetrado en Sevilla, en menos de 24 horas, el anterior tuvo lugar en la calle Feria- en San Vicente. En ambos casos los atracadores fueron detenidos gracias a los ciudadanos -en el atraco de Feria las empleadas le hicieron frente resultando con heridas superficiales- y puestos a disposición policial. Tras la detención del atracador de San Vicente Emergencias Sevilla tuiteó: "La colaboración ciudadana fue fundamental. Muchas gracias". El sujeto contaba con 39 detenciones.

Nadie duda que los ciudadanos se comportaron con valor y civismo, y que la policía hace bien su trabajo. Las dudas surgen con lo que sucede tras su detención. No se trata de ponerse en plan Harry Callahan y estar deseando que nos alegren el día. Pero sí de exigir más realismo y menos buenismo. La reinserción social es un derecho reconocido por la Constitución (art. 25.2: "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad penales estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados"). Nadie sensato que crea en la justicia, la igualdad y la democracia desea, por supuesto, ni los trabajos forzados ni cualquier otra forma de trato cruel. Ni duda que muchas veces la delincuencia es fruto de la marginación y que por ello la reeducación para la reinserción social es una nueva oportunidad que la sociedad, pródiga en injusticias estructurales, está obligada a ofrecer. Pero tampoco nadie sensato que crea en la justicia, la igualdad y la democracia duda de que no siempre la delincuencia es fruto de la marginación, sino de la voluntad, y que la reinserción es imposible además de no deseable en los casos de mayor ensañamiento y crueldad.

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