La "moción inútil" ha iluminado el panorama político con tanta luz que hasta hiere nuestros ojos acostumbrados a las densas penumbras de las indefiniciones. Lo del frente popular -que parecería un exceso retórico- se plasmó tal cual en un multi-logo vintage años 30, que no se lo salta un amnésico histórico. Ahí quedó estampado el PSOE, con Bildu, ERC y el partido de Puigdemont.

El PP se ha centrado, exultan muchos. Casado ha hecho -aplauden- un discurso fundacional. Ha refundado la UCD, en efecto, clavadita en el medio, donde estaba C's, que debería preocuparse más que nadie. La dureza de su discurso con Abascal era estratégica, y asimismo fruto del alivio del que abandona la doble vida de tratar de contentar al centro y a la derecha. No perpetraré la maldad de observar que los más entusiasmados son Iglesias y Adriana Lastra: también hay gentes muy moderadas aplaudiendo a rabiar, como es natural. Cuánto de ese entusiasmo se transforme luego en votos dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos políticos, sanitarios y económicos. Casado, consciente o inconscientemente, ha enviado a la sociedad un mensaje de confianza en el Gobierno Sánchez. La situación, según él, no está tan mal como para tomarse la molestia de apoyar una moción de censura ni tampoco para abstenerse ni siquiera para votar "no", sí, pero criticando más al presidente Sánchez. Votó "no" arremetiendo contra su socio en Andalucía, Madrid y Murcia. Ahora para saber si acertó sólo hemos de esperar. La apuesta de Casado es por la normalidad institucional y por cierta complementariedad a lo Pimpinela con Sánchez. Si Sánchez & cía. no son un peligro para el sistema, la apuesta puede salirle muy bien. Si lo son, muy mal.

Casado, a cambio, regala la derecha entera a Vox o, si prefieren, le deja la oposición frontal al Gobierno y la defensa de unas causas (la crítica a las autonomías, la defensa de nuestra soberanía en Europa, la denuncia del globalismo, el rechazo de la memoria impuesta, etc.) que el PP repudió con idénticas sornas miméticas que el resto de los partidos de la Cámara.

Los que decían que en la derecha no cabían tres partidos pueden estar contentos: queda uno. Los que clamaban por políticas de centro tienen un PP eufóricamente equidistante. Los que se quejaban de la ambigüedad del PSOE ya tienen la foto fija de su multi-logo. El panorama ha quedado nítido gracias a la "moción inútil".

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