Llevamos tanto tiempo de elecciones encadenadas que ya no recuerdo de qué hablábamos antes de esta fiesta infinita de la democracia. Ayer, los amigos dimos en discutir amablemente sobre -parafraseando a Vargas Llosa- en qué momento se jodió Ciudadanos. Y eso que todavía no había saltado a la palestra el perro Lucas en ese vídeo de Rivera. Lo más importante de la conversación se lo digo en este primer párrafo por si el tema no les motiva tanto como para superar ni un punto y aparte. De los diez, ninguno dudaba de que algo se había jorobado en Cs y su expectativa de votos.

Cierto que allí no había nadie de Cs, que quizá podría habernos discutido el diagnóstico. O quizá no, y apenas lamentarlo más. Yo lo siento por los amigos de Cs, que, además de ser buenas personas, tienen las ideas políticas claras y el compromiso cívico a flor de piel.

Los motivos que discutíamos se agrupaban en tres grandes grupos. Los más sentimentales, que decían que los vaivenes de la vida romántica de Albert Rivera habían resultado decisivos. Los más íntegros, que sostuvieron que el ridículo de aceptar los votos de Vox, pero con un palo, sin rozarlos y con cara de asco, hizo que, ante la opinión pública, apareciesen como grandes fingidores y gente de palabra tridimensional. Por último, los más cínicos afirmábamos que el punto de inflexión fue cuando no ofrecieron a Pedro Sánchez, tras el resultado electoral de los generales, un inmediato pliego de condiciones (drástica bajada de impuestos y severidad total con los independentistas) a cambio de su voto en una moción de censura. Digo que somos cínicos, porque Cs, como expliqué en varios artículos, habría ganado mucho siempre, dijese sí o no Sánchez. La cosa era tan evidente que hasta Rivera se dio cuenta, aunque tarde, y quiso remediarlo a última hora ofreciendo lo mismo, pero ya mal e inútil.

Y ahí está la otra clave, que ofrezco en este párrafo final a la consideración de ustedes como consuelo por haberme acompañado heroicamente hasta aquí. Parece que, al menos para estas generales, Cs ha cruzado el punto de no retorno. Nosotros no logramos ponernos de acuerdo en qué momento exacto ocurrió eso, pero sí en que había ocurrido y que, de un tiempo a esta parte, cualquier cosa que hacen para arreglarlo deviene contraproducente. Lo más dramático del debate de esta noche será ver a Albert Rivera tratando de aprovechar su última oportunidad.

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