DESDE LA ESPADAÑA

Felipe Ortuno M.

Ceniza y humildad, o viceversa

PARA todo en la vida se necesita perspectiva, y los pintores, de esto, saben una jartá. De ellos aprendemos a situarnos para soportar mejor el contraste entre lo que sabemos y lo que ignoramos. Porque mientras vivimos el presente perdemos la noción trascendente que tienen nuestras acciones; por eso se necesita distancia adecuada. Con tan sólo mirar la Vía Láctea y considerar que se tarda la friolera de cien mil años en atravesarla, ya se sitúa uno, si no te entra vértigo, en un punto más o menos perdido de la Galaxia. Yo aconsejo este ejercicio para los que tienen delirios de grandeza ¿Quién te has creído que eres, majadero? Y si lo prefieres puedes hacer un ejercicio a la inversa, te remito al hombre, a la neurología, a la química, a la nanobiología del microscopio infinito. Visto así no hay tanta diferencia entre un chino y un andaluz (la misma diferencia que entre un jerezano y una jerezana). Es apabullante la cantidad de ignorancia que poseemos cuando, por ejemplo, formulamos diferencias y catalogamos a las personas. Pero volviendo a lo sideral, casi siempre definimos desde lo que ignoramos más que desde lo que sabemos. Para hablar del vino conviene no estar borracho. ¿Qué podemos decir de nosotros mismos en relación a la historia de la humanidad? ¿Hemos, quizá ¡pobres ingenuos! influido en el ordenamiento de la galaxia solar? Hay quien cree ser el helio-centro cósmico. No quiero decir con esto que se desdeñe la fracción infinitesimal del grandioso homínido ¡Dios me libre!, al contrario, porque, como decía un filósofo humorista (todos lo son) puestos a elegir entre caerse de un primer piso o un vigesimoquinto (veinticincoavo, decía un ilustre político) prefiero el último, se vive más tiempo. No sé si somos copernicanos o tolemaicos; en cualquier caso, ejercemos de liliputienses. Me parece acertado apelar al sentido del humor porque fustiga el pecado de la soberbia y restablece las auténticas dimensiones de lo humano ¿Qué es un Canciller? Pues el encargado de abrir la cancela. Es una cuestión etimológica que revela la miseria de una cuna deliberadamente olvidada. El humor nos resitúa en lo real y con cierto realismo seco y lúcido nos devuelve de los astros al municipio. De hecho, hay individuos a quienes no hace falta insultar, basta con describirlos… ¡Dios me libre hacerlo!

Quiero decir que, en la vida, es preciso utilizar la teleología y el telescopio para ver que la medida de todas las cosas no pasa por mí ¡pobre bípedo implume! incapaz de ver más allá de las antiparras. Ante el orgullo corporativo de la especie humana conviene un correctivo. El hombre no se resigna a que la tierra no sea el centro y dice todavía que es el único lugar donde existen seres inteligentes, el único lugar donde hay seres vivos… Dice muchas insensateces, como engreído que es. Por eso se necesitan momentos de humildad para relacionarnos con seres que vivan más allá del hidrógeno de nuestra atmósfera (es un poner). Está claro que nuestra imaginación es tan limitada como nuestra inteligencia; aunque hay inteligencias que ponen correctivo a esta guardería de niños extraviados que somos. No podemos seguir atribuyendo efectos cósmicos a todas nuestras ocurrencias, por más que Protágoras diga que somos la medida de todas las cosas; y sin embargo lo más hermoso del mundo para un sapo es una sapa. El fin de la tierra no es aquello donde podemos llegar, siempre hay algo más (o Alguien). Conviene una lección de humildad de cuando en vez, de vez en cuando, un poco de ceniza sobre nuestras cabezas que nos haga inclinar la dura cerviz de la soberbia. Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris…

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