Notas al margen

David / Fernández

a ninguna parte

FINALES de 2002. Los fuegos artificiales y caros del Mundial Ecuestre hacen sentirse a Jerez ombligo del mundo. A seis meses de las municipales de 2003, nadie imagina que esta gran ciudad, que ni echaba de menos su industria bodeguera, caía ya en picado para convertirse hoy en rabioso paradigma de la decadencia y el duelo político a garrotazos. La obsesión es buscar culpables: Pacheco por no retirarse, Pilar Sánchez por pelearse con el mundo y Pelayo por echar leña al fuego. Ninguno dio la talla en su momento. Antes al contrario, avanzaron con mucha propaganda perdiendo su brillo, como ha ocurrido con la imagen de la ciudad. En lugar de aceptar su suerte, los tres, cuando aspiraban a gobernar, se aferraban al populismo con promesas imposibles en busca del voto. La ciudad aún paga tanta dialéctica antitodo.

Pero rebobinemos. Pilar Sánchez rompió la hegemonía andalucista al ganar en 2003, pero Pacheco convirtió a Pelayo en su pareja de baile. Saber qué habría pasado de haber dado un paso atrás es imposible, pero le habría ido mejor. Este acuerdo sólo duró 18 meses, y el que firmó con Sánchez poco más, pero ese efímero mandato entre 2003 y 2007 fue suficiente para envenenarse entre ellos y filtrar su odio por las cañerías. Cuando ellas dos no habían iniciado la carrera oficial, Pacheco venía de vuelta. Y a su experiencia, sumó la lealtad de los técnicos, muchos colocados por él. La suya fue una victoria pírrica, porque hizo lo que quiso, pero cometió varios errores que ahora le tienen contra las cuerdas. Los jerezanos en 2007 otorgaron al PSOE una mayoría aplastante para evitar más pactos, pero el daño ya estaba hecho: los años de bonanza económica aquí pasaron de largo porque cada cual iba a lo suyo. La ciudad creció en horizontal y se dispararon los costes; las pocas fábricas que quedaban en pie se largaron sin que nadie se preocupara; y el Ayuntamiento se endeudó hasta las cejas con una plantilla enorme. El continuo asalto al poder destruyó las costuras de la ciudad.

Pacheco, pese a ser vapuleado en las urnas, tampoco se retiró. Dio un paso al lado, pero torpedeó la gestión del PSOE desde las trincheras. Optó por enredar en lugar de pensar por arriba, aportando. Pelayo pagó su inexperiencia en el desierto. Los mismos compañeros que le dieron la espalda entonces, hoy la señalan como valor seguro. Es el PP. Sánchez no necesitó oposición. Ella sola cavó su tumba. Los tres entraron en lo personal y se equivocaron. Antaño, hasta los abusos de poder quedaban en el terreno de juego. No era habitual que un alcalde denunciara a su antecesor por corrupto. Sánchez lo hizo: a diestro y siniestro, también la gestión de Pelayo la puso bajo sospecha. La sombra de Pacheco la desquició. El Ayuntamiento, con sus técnicos arrinconados, dejó de ser locomotora para convertirse en lastre. Jerez cerró 2005 con 15.000 parados, hoy supera los 36.000.

El teléfono de Pelayo sonó de nuevo cuando Arenas, ya con las maletas hechas para largarse, le convenció de que ganaría a una Sánchez desahuciada. El PP ganó en 2011 y se encontró una ciudad irreconocible, su casco antiguo en ruina, las calles tomadas por la indignación, una deuda municipal brutal. Hoy seguimos sin un proyecto claro para el futuro. Y por mucho viento favorable que sople para Jerez, seguiremos a la deriva porque nos encanta ponernos zancadillas. Como no somos nadie sin el buen tiempo, por fortuna nos queda el sol. Pero hace falta más. El cantante Bono sorprendió este viernes a todos denunciando ante los populares europeos, con Merkel al frente, la falta de buena vecindad en la UE. Así no vamos a ninguna parte, vino a decir. Y a modo de ejemplo, pidió más apoyo al turismo español y a nuestros productos. Y España es mucho más, subrayó: "Escuchen, escuchen el flamenco". La sociedad jerezana ha de elegir: o sigue la música de Bono con sentido común o sigue cavando.

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