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Las sevillanas de tussam

Los Cantores de Híspalis, quiénes si no, nos recuerdan por el camino más corto la mejor síntesis de las fiestas populares

En esta Feria 3.0 interminable donde el Ayuntamiento no nos deja ni tomar una cerveza por Los Remedios antes de llegar allí (¡qué manera de regularlo todo!) habíamos dado por perdida la batalla por las sevillanas, ese género que, los más jóvenes se sorprenderán, antes de que nos pusieran el AVE medio Madrid andaba a duras penas aprendiendo a bailarlas antes de plantarse aquí dispuestos a pelearse en su desigual y siempre perdida batalla con el vino de Jerez.

Han tenido que llegar, quiénes si no, los Cantores de Híspalis, los precursores de las sevillanas modernas que copaban los primeros puestos de las listas de éxitos musicales de los últimos ochenta, para recordarnos por el camino más corto la mejor síntesis de las fiestas populares andaluzas: la alegría compartida en gente de lo más variopinta que sin embargo se reconoce en el folclore del pueblo representado en el remate airoso de los claveles que coronan a las orgullosas flamencas, los jinetes con sus caballos desafiando este sol de mayo, o las pandillas de jóvenes que llegan en el autobús de línea hasta este reducto residencial de la Sevilla más conservadora desde sus barrios más populosos.

Y para representar todo eso, quién mejor que Pascual González, ese trovador sevillano de voz arenosa con coleta y pajarita al que la ciudad más oficial ignora mientras le ríe las gracias a otros con muchísimo menos talento que él. Porque hay que ser buen músico y tener mucha sabiduría popular para meter las sevillanas en los terrenos pantanosos de la Semana Santa, cuando un resbalón ahí puede dejarte señalado para los restos. Y eso antes y mejor que nadie lo hizo él con su grupo, primero con la hermandad de su barrio, San Benito, y más tarde con su cofradía de El Silencio, ahí es nada, y en ambos casos con el mismo cariño y categoría.

Las sevillanas de Tussam que estos días nos anuncian las bondades del autobús, aparte de recordarnos su indispensable función de articulación de la ciudad, han traído a la memoria aquel fantástico El autobús de la Primavera, el disco que tanto nos costó conseguir que incluía joyas como Quiero cruzar la Bahía, de Manolo Melado, y cima de los de su género. Y aunque las fuerzas invisibles no tan vivas han alejado a Pascual del pregón del Maestranza, quién nos iba a decir que lo íbamos a tener de pregonero de la Feria con lo mejor de su arte natural del pueblo.

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