Tribuna libre

José Barrigón Asencio / / Profesor Jubilado Del Cervantes

La soledad de un planeta llamado Tierra (III)

LA ciencia viene avanzando desde hace años y en los tiempos que corren, a vertiginoso ritmo. Surgen ideas e ideologías, nuevas tendencias, nuevos mecanismos, portentosas tecnologías…, pero en lo esencial, en nuestras formas y maneras de actuar, en nuestros comportamientos, poco es lo que hemos cambiado. Continuamos siendo los mismos, casi iguales en nuestras maneras de proceder, solo que adaptándolas a las épocas que toca vivir. Nuestros deberes profesionales van poco a poco y a pasos agigantados desapareciendo y faltos de deontología en pos de la 'modernidad'.

Nuestro castigado planeta se encuentra inundado, cual ciclogénesis explosiva en cambios profundos plagados de notorias calamidades que llevan una estricta relación con la ética y la moral en los campos que podríamos denominar culturales, sociales, políticos, institucionales… La ética forma parte de la filosofía que estudia la moral como un gran valor que algunos desconocen o no quieren conocer. Se nos presenta en estos momentos una llamada a lo que conviene a los ilustres mandatarios del orbe, ese referente a la tan renombrada 'Cumbre del cambio climático'. Parece va en serio(…). Pongámoslo en positivo, pero existe algunas dudas ya que los interés creados continúan y temen perderlos ahora que la situación trastoca infinidad de ellos y, claro, a costa de los que tienen casi todo perdido, dándose la paradoja que a los incumplidores no se les ponen las sanciones correspondientes.

Por los expertos en la materia comentan que los males de nuestro habitáculo común tienen su origen en la toma de una dirección equivocada en aras de los interés de unos pocos: La revolución industrial.

Por mucho que se empeñen en vendernos la 'prueba del algodón', mientras no haya verdadera voluntad de atajar el problema y en serio, no es que no se vaya a arreglar el problema sino que, tal vez, continuará empeorando por lo que me permito y con todos los respetos: Hordas envanecidas más que bobas/que acuden con sus mentes más que presas/ para adorar con finas sutilezas/a ese dios del dinero dando cobas. Viene a decirse que una de las más peligrosa enfermedades del ser humano es la ignorancia y que su mejor medicina está en los libros, principalmente. Gracias a ellos podemos estar informados de las constantes van sucediéndose a la vez que ir formando nuestras propias opiniones. Nuestro sistema natural se encuentra perforado por cantidad de irregularidades en aras de espurios intereses y que esa dichosa economía funciona como despiadada competencia que va dejando escapar, si se me permite, la vida en ese trabajar casi con cierta esclavitud en beneficio del mal denominado desarrollo y progreso que marcha, sin lugar a dudas, contra nuestra propia felicidad.

Nuestro descarado individualismo no es manera de conseguir buenos ejemplos y que ese despiadado capitalismo debería transformarse en algo más cooperativo y participativo. Parece vivimos demasiado apegados y abocados al dinero y al poder tanto en individuos como en sociedades.

Existe una plutocracia, esa preponderante casta en los gobiernos que lleva todo en su propio beneficio, que tarde o temprano terminará socavándose y devorándose no sin antes los más desfavorecidos pagaremos, como siempre, las consecuencias. Pero esos senderos de putrefacta basura que van dejando llegarán a las puertas de sus casas habiendo dejado, precisamente, en la ruina a los más empobrecidos de la tierra.

Una buena educación y cultura acompañadas de buenos ejemplos a seguir se convertirían en el fiel reflejo de una igualitaria sociedad para todo cuanto sea positivo y así vencer los conflictos sociales.

Para concluir el presente artículo me permito un sabio proverbio: "Cuando desaparezca el último árbol, el último río envenenado, el último pez pescado… comprenderemos entonces que el dinero no se come".

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