Tribuna cofrade

Ignacio García Pomar

Volverá a pasar

No sé lo que ocurrirá el 5 de Abril.  No sé si lloverá, no sé si hará un sol espléndido, no sé si habrá túnicas por las calles, pero lo que sí sé es que un año más será Domingo de Ramos.

Esa es la Verdad. Celebraremos la Pasión del Señor como siempre en nuestros corazones y rezaremos por todos aquellos que en los momentos difíciles no encuentran motivos para la Esperanza. Sea como sea, en lo externo será diferente, pero en lo más hondo de nuestra alma permanecerá el poso de la fe que nos ayuda a transitar diariamente por este mundo.

Siempre he pensado que los recuerdos, especialmente los de la niñez, son los que nos dan las fuerzas y la ilusión para esperar sin desesperar las tardes eternas en la aurora de cada primavera. Este año, y esto sí es especial, esperamos que el tiempo pase más lento, que si es posible se detenga y que los días grandes tarden en llegar más que nunca.

 No sé lo que pasará. No sé si las cornetas romperán las noches cortando el último frío del año y cambiándolo por el escalofrío del alma. No sé si Cristo de la Expiración sonará en el Villamarta como antesala del Anuncio de nuestra fe o lo escucharemos enlatado en las emisoras de radio y televisión o en las miles de webs que nos invaden. No sé si habrá Viacrucis en las calles o en los templos los viernes que quedan de Cuaresma. No sé si se publicarán los horarios e itinerarios que como todos los años provocaran que nos centremos durante jornadas y jornadas en la posibilidad de la cuadratura del círculo. También me pregunto si llegaremos a casa agotados de visitar besamanos el cuarto y el quinto Domingo de cuaresma después de haber descubierto nuevas calles de las que desconocíamos absolutamente su existencia y cuyos nombres desorientarían al mismísimo Magallanes.

No sé si existirán las mañanas del gozo de la Semana de Pasión que presagian que el día más bonito del año llegará de forma inminente. No sé si llegará a oler a cera en las Iglesias o en las casas de hermandad por el fundido de las candelerías en el equilibrio absoluto de la belleza. Sí sé que ya huele a azahar, un azahar triste por lo que pensamos que no ocurrirá o lo que pudiera no ocurrir.

Sé que algún hermano mayor ya no duerme, no por los nervios de la víspera sino por la presión a la que puede verse sometido, y eso que en este caso no será él el que decide, como ocurre cuando la lluvia hace acto de aparición sin que nadie la haya llamado. Sé que algunos mayordomos pueden pensar que su trabajo no va a servir para nada, y en esto se equivocan radicalmente, ya que su ilusión y entrega seguirán llenando de vida a las hermandades de Jerez en la época más importante del año.

No sé si un año más nos podremos reunir en el patio de San José para escuchar al Padre Alfonso decirnos que ese día no es necesaria la homilía, porque la mejor homilía es la meditación de la Pasión del Señor que se acaba de proclamar. No sé si por la noche nos podremos colar en las Iglesias de las hermandades del día siguiente para comprobar si las flores están colocadas como siempre se pusieron y si los pasos lucen como no lo podíamos imaginar en el mejor de nuestros sueños. No sé si veremos niños pequeños vestidos de penitentes riendo y jugando en su primera vez, esperando con los nervios a flor de piel que su cruz de guía marque el camino, ese camino, del que sus padres ya les han hablado por las noches cuando le rezan en su cuarto a la Virgen.

Ese camino sí estoy seguro que no faltará. Porque la fe y quizás más que nunca, es la que moverá el camino de nuestras cofradías. Porque Dios, que escribe recto con renglones torcidos, nos envía un mensaje o una prueba a toda nuestra civilización occidental. Y es que , en base a los avances, la tecnología y la sociedad del bienestar no cabe duda que en el primer mundo a veces, quizás solo a veces ,nos sentimos semi dioses y no miramos a esas partes del mundo donde la sanidad no existe o bien es un privilegio de unos pocos.

Ahora nos toca apechugar, ser responsables, mirar hacia delante y volver la mirada a Dios. Solidarizarnos con todos esos hermanos a los que el coronavirus les puede parecer un simple resfriado porque no tienen para comer el pan de cada día y mirar al interior y entender que sí, que somos humanos y por lo tanto absolutamente vulnerables.

Como decía hace un rato, no sé como viviremos el 5 de Abril, con procesiones o sin procesiones, pero lo que nadie debe dudar es que recordaremos como siempre a Aquel que vino a salvarnos y a dar sentido a nuestra vida con su muerte y resurrección.

Lo demás, esperemos que se arregle, pero si no, amable lector, le recomiendo que aproveche para echarle una visual y lectura a aquellas publicaciones históricas que llenaron el resto del año (Los meses que no había cofradías) cuando no existía internet y que hoy día, gracias a la misma, los podemos encontrar. Entre ellos les recomiendo el libro de Semana Santa en Jerez de Cristobal Romero Gandolfo, Los momentos de Arte y Cofradías de José Manuel Fernández Lira, Mariología medieval Xericiense de Hipólito Sancho de Sopranis, así como alguna de las Guías Paullada, publicación que no tiene desperdicio, con un formato inmejorable y a través de las que podemos rastrear por circunstancias y nombres lo que fue la realidad de la Semana Santa de Jerez en la década de los ochenta.

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