Las dificultades de Ciudadanos, puestas en evidencia por la espantada de Toni Roldán, ya las habíamos predicho muchos. El centro siempre es un epicentro, el ojo del huracán político y la zona de fricción de las viejas y grandes placas tectónicas, que siguen siendo la izquierda y la derecha, por más ejes que les echemos a través. Si bien es cierto que entre los votantes y los opinadores prestigiosos hay fuerzas centrípetas que les empujan por defecto a la moderación, a la vez hay otras fuerzas centrífugas.

Si el centro se mide sólo por la equidistancia con la izquierda y la derecha, se hace absolutamente relativista y fijamente movedizo, porque la derecha y la izquierda están desplazándose sin reposo. Eso propicia discusiones interminables acerca de la posición exacta en un tablero de niebla. Crea dudas estratégicas: ¿se es de centro por no poder pactar con los extremos? ¿Acaso no hay políticas objetivas que se pueden perseguir y repudiar (véase la política territorial del PSOE) o el centro ha de limitarse a guardar las distancias?

Las vertiginosas contorsiones de las bandadas de estorninos en el cielo, caleidoscopio en blanco y negro, se producen por el afán de todas las aves por ocupar el centro exacto de una bandada en vuelo neurótico. El poeta Vicente Luis Mora usaba esto como metáfora del ajetreo de las grandes urbes, pero en política se ve aún mejor.

Mi humilde consejo a C's es alejarse lo más posible del vuelo del estornino. Marcar sus prioridades programáticas ante los votantes y ante los rivales, y apoyarse alternativamente en quien mejor o más ampliamente se las avale. Volar en línea recta. Hace menos de un mes escribí que Rivera debía «ofrecer un pacto de Gobierno a Sánchez o de legislatura a cambio de la aplicación inmediata del 155 y del rechazo terminante a ningún indulto». Podría haber vendido esa oferta muy bien a sus votantes e incluso a los de los otros partidos. Y, por supuesto, a los más centrífugos de sus compañeros. Habría, de paso, descolocado a Sánchez. Con Vox habría transmitido más sensación de firmeza negociando a cara de perro y no huyendo de la foto y pidiendo o aprovechando vergonzantemente sus votos.

El centro tiene espacio y capacidad de juego, pero tiene que saber cuál es su espacio, y que éste dependa sólo de él. Una vez asentado allí, tiene que repartir el juego. Si quiere jugar sin los pies en su suelo, se lo llevará el viento.

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