Una histórica victoria que no permitirá gobernar

Desde ayer, el partido más votado en Cataluña es claramente constitucionalista y desacomplejadamente

La jornada electoral de ayer en Cataluña dejó un titular claro: la rotunda e histórica victoria de Ciudadanos y su líder, Inés Arrimadas. Desde anoche, el partido más votado por los catalanes es claramente constitucionalista y desacomplejadamente español, y eso es algo que no pasará desapercibido fuera de nuestras fronteras, donde el denominado procés se ha seguido con inusual interés.

Cierto es que la victoria en votos y escaños de Ciudadanos ha sido empañada por la mayoría absoluta en el Parlament conseguida por las formaciones independentistas que apoyaron el procés. Es prácticamente impensable que Arrimadas sea investida presidenta de la Generalitat. Pero estas elecciones han debido dejar claro a los nacionalistas catalanes que la vía unilateral es, sencillamente, inviable y que tendrán que hacer política, les guste o no, en un escenario donde la complejidad es alta.

Los independentistas, cuyos intereses han sido beneficiados por las peculiaridades de la ley D'Hondt, deben tener claro que los ciudadanos no les han dado un cheque en blanco para continuar con el procés. Esa vía debe quedar cerrada para siempre. Sin embargo, con estos resultados a nadie se le escapa que, a partir de mañana, se empezarán a explorar caminos para desbloquear una situación completamente enmarañada. Por eso, de cara a una futura negociación, es sumamente importante que el triunfo en votos haya sido de los constitucionalistas.

En unos años, Ciudadanos ha pasado de ser un partido minoritario en Cataluña, con un candidato que posaba desnudo para los carteles electorales, al partido preferido por los catalanes. Asimismo, la formación naranja se consolida claramente como un partido con importantes opciones a nivel nacional. Tanto el PSOE, cuyo candidato Miquel Iceta apenas ha podido rentabilizar su calculada ambigüedad, como el PP, que pasa a convertirse en una fuerza residual en esta región, tendrán que tener muy en cuenta a una formación a la que, debido a un exceso de soberbia y a un déficit de intuición, han ninguneado en numerosas ocasiones.

Si, como se ha dicho, el problema catalán es, en realidad, un problema español, no es de extrañar que la novedad del contundente triunfo de Ciudadanos sea registrada con intensidad por los sismógrafos de la política nacional. Lo ocurrido ayer en Cataluña tendrá una pronta repercusión en el conjunto de España.

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