El negro futuro de la economía española

España tiene la posibilidad de enderezar el mal futuro que le augura el informe del FMI si sabe aprovechar los fondos europeos con realismo y eficacia

El futuro económico inmediato de España no puede ser más negro. Así, al menos, se desprende del último informe del FMI, que coloca a nuestro país en el último puesto de las economías desarrolladas, con una caída estimada del PIB del 12,8%, bache que no se salvará hasta, al menos, el año 2023. Es evidente que las cosas no se han hecho bien, tanto antes de la pandemia como durante la misma. El virus no era predecible, ni su llegada a España evitable en un mundo globalizado, pero es evidente que las cifras de la enfermedad demuestran que nuestro país no ha sabido responder con la debida eficacia al reto de la pandemia. Además, la economía española, como se ha dicho hasta la saciedad antes y durante el coronavirus, ha dependido en demasía del turismo, como antes lo hizo del mercado inmobiliario, lo cual ha sido fatal en unos momentos en los que la movilidad geográfica mundial se ha ralentizado considerablemente. Aún así lo más grave es la inestable situación política e institucional que vive España, que ya se está mereciendo el reproche de algunos de los medios internacionales más prestigiosos. A un Gobierno que alberga algunos ministros que profesan el populismo más sonrojante (y que paradójicamente está apoyado por partidos que están empeñados en la destruir el Estado) hay que unir una oposición claramente incapaz de ofrecer una alternativa y que gobierna algunas de las autonomías que arrojan los peores datos de la pandemia. Pese a todo, España tiene la posibilidad de enderezar el rumbo si sabe aprovechar con realismo y eficacia los 140.000 millones de euros de los fondos prometidos por la UE. Eso sí, nuestra política debe dar un giro copernicano, abandonar querellas y radicalismo absurdos, y centrarse en un cambio de modelo productivo que sea real, no una mera sucesión de lugares comunes y palabras más o menos biensonantes. La pandemia y las tensiones políticas causadas por el procés han puesto al país al borde del abismo. Sólo desde la responsabilidad, la moderación y el acuerdo entre los grandes partidos políticos se podrá enderezar una situación que, hoy por hoy, es calamitosa.

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