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El agente infiltrado contra los 'Jala Jala'

  • Una sentencia narra la infiltración de un guardia civil en una banda de contrabandistas de hachís y explica cómo funciona por dentro el negocio del Estrecho

Naoufal Azzouz, el Nono, encargado de buscar a los proveedores en Marruecos, en su aparición en la serie El príncipe. Naoufal Azzouz, el Nono, encargado de buscar a los proveedores en Marruecos, en su aparición en la serie El príncipe.

Naoufal Azzouz, el Nono, encargado de buscar a los proveedores en Marruecos, en su aparición en la serie El príncipe.

La banda de contrabandistas que Diego Ponce, residente en Marbella, monta en Chiclana a finales del año 2014 es una de las mayores chapuzas conocidas en la historia del tránsito de hachís en el Estrecho que se recuerdan. Él y su banda, que cayeron en abril de 2015 con las manos en la masa, acaban de ser juzgados y sentenciados y condenados a penas que van desde los quince años y pico al organizador, el 'cerebro' marbellí, al año y pico de los transportistas, los peones de la banda. Pero lo interesante del caso no está en esas penas por delitos contra la salud pública "en su modalidad de sustancia que no causa grave daño a la salud (hachís)", sino en el relato de cómo se construye una organización criminal. O más bien de cómo no debe hacerse.

La cuestión es que Diego Pone, en su origen, piensa a lo grande. En aquellas fechas Ponce ya está encausado en la Operación Estiba, en la que figura como propietario de una lancha y al que se le acusa de ser reclutador de porteadores. Ahí él no tiene el papel principal, es un empleado de una banda mayor. Ponce busca otras fórmulas. En esta ocasión él es el jefe y hará descargas en un estero de Chiclana, el de Santa Catalina, arrendado por los conocidos como los 'Jala Jala', sus socios, un padre y sus dos hijos.

Hasta en cinco ocasiones la banda del 'cerebro' marbellí fracasó en el porte

Antes de contar con proveedores e incluso infraestructura, se pone en contacto con un guardia civil, al que ofrece entre 50.000 y 80.000 euros, pagaderos poco a poco, para que haga la vista gorda cuando el hachís que no tiene se introduzca en la lancha que tampoco tiene en el estero. A partir de este momento Ponce va a mantener informado al guardia civil de todos sus movimientos a través de una blackberry encriptada para evitar intercepciones de las comunicaciones. Ahí hubiera estado listo sino fuera porque el agente ya lo ha comunicado a sus superiores, por lo que todos los movimientos del 'cerebro' marbellí son seguidos al minuto por los agentes especializados de la EDOA.

Entre que Ponce contacta con el agente y su banda es desmantelada con 72 fardos de hachís pasan más de siete meses. Cuando cae en abril de 2016 la banda del estero, Ponce ha fracasado hasta en cinco ocasiones en sus intentos de encontrar un proveedor en Marruecos. Parece que en ningún momento da con la tecla de cómo se mueve el negocio o no conoce al intermediario adecuado. Son las cosas de cuando uno quiere crecer en un negocio.

El 'cerebro' recluta a Juanma y Javi, que necesitan un total de catorce viajes a Marruecos hasta dar con un proveedor. De hecho, el primero con el que dan se compromete a un porte, pero la noche señalada no hay ningún hachís. Ante esto, Ponce, manteniendo a Juanma y Javi en la banda, se pone en contacto con un ceutí, el Nono, que había tenido una pequeña intervención en la serie televisiva El Príncipe. Este nuevo miembro de la banda aporta nuevos nombres de proveedores y la noche señalada se presentan en Marruecos el Nono y Juanma, pero los proveedores no les entregan el hachís porque ellos no llevan el dinero que les piden. Segundo fracaso.

Fracasan una tercera vez a mediados de enero, aunque esta vez el estero ya está mucho mejor acondicionado con su rampa para la embarcación, los vehículos para el transporte de la mercancía e incluso con algo más de financiación de unos socios marroquíes que adelantan el dinero, con el que pagan al agente 3.000 euros. El agente entrega el dinero al EDOA y continúa informando. Mientras no consigan traer el hachís, y parece que no pueden, no hay nada que hacer. El agente le dice a Ponce que todo esto le parece muy poco serio y Ponce, para convencerle, le lleva al estero y le enseña la infraestructura. Vale, parece serio, informa.

Nono hace un nuevo intento con otros dos marroquíes. Hablan de mudanzas y de muebles, como si la Guardia Civil no supiera de qué mudanzas y muebles estuvieran hablando. Quedan en Sotogrande en un wok y va el propio Ponce. Qué va, tampoco esta vez. Estos tampoco tienen realmente droga. El quinto fracaso se produce el 25 de marzo. Hasta el propio Ponce está en la lancha que espera el transbordo de mercancía en Asilah. Allí podían haber estado toda la noche. La mercancía nunca llega. Vuelven con las manos vacías.

Hay desesperación entre los miembros de la banda, pero esta vez Nono dice que cree que por fin ha dado con alguien fiable: 72 fardos. Dos toneladas. Eso son tres millones y medio de euros. Lo han conseguido. Según llegan al estero, son detenidos. Y, desde ayer, condenados.

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