El embalse de guadalcacín, visto desde dentro

En el corazón del gigante

  • Las históricas lluvias del primer trimestre han confirmado el óptimo funcionamiento y el alto nivel de seguridad del embalse de Guadalcacín, que suma dos semanas soltando agua

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La friolera de 375 escalones separan la superficie terrestre del corazón del gigante. Está escondido, muy escondido, a unos 80 metros de profundidad si lo calculáramos en línea recta. Allí, dos metros por debajo del lecho del río Majaceite, el mastodóntico embalse de Guadalcacín demuestra que su estado de salud y sus palpitaciones son las correctas. Ni grietas, ni filtraciones, ni vibraciones por encima de lo normal. Fuera mitos, por favor. El gigante ha sabido espantar los fantasmas. El embalse de Guadalcacín, el segundo más grande de Andalucía, el que da de beber a muchos campos gaditanos durante todo el año, es seguro y así lo ha demostrado en este primer trimestre del año en que las lluvias torrenciales lo han inundado todo.

Acceder por vez primera al corazón del gigante es algo que impone. Es como entrar en las catacumbas pero con una diferencia: uno sabe que al otro lado del muro de la izquierda hay almacenados 780 hectómetros cúbicos de agua. Casi nada.

Concluido el descenso, justo debajo del núcleo arcilloso de la presa, el ingeniero Óscar Cortés, jefe de Explotación del sistema de las cuencas del Guadalete y del Barbate, muestra el puesto de mando del embalse y explica el funcionamiento de los controles gracias a los cuales se regulan los dos desagües de fondo. Justo enfrente, imponentes, dos tuberías de considerables dimensiones siguen arrojando agua a borbotones al río Majaceite. Desde ahí todo ese líquido excedente buscará la barriada arcense de la Junta de los Ríos, se unirá allí al Guadalete y acabará en el Atlántico tras cruzar el Jerez rural y la ribera de El Puerto de Santa María.

Nunca hasta el pasado 3 de abril se habían abierto esos desagües de fondo. Bueno, sí, alguna vez había sucedido pero sólo en pruebas. Pero lo serio vino hace dos semanas... y desde entonces no ha parado. Unos 20 hectómetros cúbicos ha soltado ya Guadalcacín, según los cálculos que maneja Jesús Muñoz, el jefe de la presa. El mar interior, como es conocido este embalse, alcanzó su récord de almacenamiento en esa primera semana de abril, cuando superó los 789 hectómetros cúbicos o, lo que es lo mismo, el 98% de su capacidad total. Se anunciaban lluvias, más lluvias todavía, y había que soltar agua para evitar que llegara al aliviadero superior de labio fijo. Probablemente no habría sucedido nada si eso hubiera llegado a ocurrir, salvo que el agua caería en forma de cascada por ese trampolín que se mantiene inédito. La imagen sería espectacular, claro que sí, pero la seguridad está por encima de todo, explica convencido el ingeniero Óscar Cortés. Y los desagües de fondo se pueden controlar manualmente pero el aliviadero superior, no.

En estas dos semanas la cantidad de desagüe ha ido oscilando. El máximo es de 50 metros cúbicos por segundo, aunque no se ha alcanzado esa cifra. Ayer lo que soltaba no llegaba a los 15 metros cúbicos por segundo. Y las previsiones que manejan los responsables es que esa tendencia continúe unos 20 días más, hasta que el nivel del pantano baje hasta los 770 hectómetros cúbicos. El objetivo es dejar un margen de resguardo en previsión de que pudiera volver a llover en mayo, algo que, visto lo visto en las últimas semanas, tampoco sería una utopía.

No han sido unas semanas fáciles en Guadalcacín, ni mucho menos. La brigada de trabajadores de la presa, compuesta por una decena de hombres, tiene faena todo el año pero desde que aparecieron las lluvias han tenido que redoblar la atención. Desde que en marzo se superara la anterior marca histórica, que databa de abril de 2010, todo era nuevo. Pero ¿se ha apreciado algún fallo en el funcionamiento del embalse después de que se produjera este desembalse histórico? El jefe de Explotación del sistema del Guadalete-Barbate responde con un no rotundo, aunque después recula. Sí, hubo un fallo que antes era inapreciable. El chorro de agua al cauce del Majaceite originó filtraciones en el muro exterior que conecta con el río, provocando unos charcos que ayer aún seguían siendo evidentes. Allí, al otro lado de la escollera exterior de la presa, habrá que reforzar ese muro cuando el desagüe de fondo se cierre. Pero poco más.

Tampoco es que el temor estuviera asentado en la plantilla de trabajadores de la presa y en sus responsables. Pero el agua caída era mucha y la responsabilidad, también. Afortunadamente los medidores -decenas, cientos- con los que cuenta el embalse han ido corroborando el buen estado de salud de una presa descomunal en dimensiones pero joven en antigüedad.

Porque pese a su corta edad -fue terminada de construir en 1993 aunque su funcionamiento oficial se inició dos años después- a la presa de Guadalcacín se le realizan chequeos continuos. Es como una revisión médica periódica. Por buscar similitudes, hasta se repiten las terminologías. Así, por ejemplo, encierra una importancia clave la auscultación de la presa, es decir, el proceso que permite evaluar y garantizar su seguridad mediante la monitorización y análisis de sus características más importantes, además de planificar y coordinar su correcto mantenimiento. Esta labor se lleva a cabo fundamentalmente en la torre de toma de la presa donde, gracias a un pozo que encierra diferentes niveles, se analiza también con asiduidad la calidad del agua almacenada. La que está en las capas inferiores es la peor, por el alto contenido en amonio que encierra; y la de mayor calidad está en las capas superiores, aunque no la de la superficie, debido a su alto grado de oxigenación.

Igual o más importante quizás es estar pendientes casi a diario de la cantidad y el color del drenaje de la presa. Sí, drenaje, porque al no ser un compartimento estanco la presa tiene filtraciones en las paredes de sus galerías. Hace años esa cantidad de agua que se filtraba era mucho mayor de la que hoy se contabiliza, lo que es entendido por los expertos como un ejemplo de que la presa se sigue compactando cada vez más. Este medidor es esencial: si se descubre que cada vez drena más agua, malo; y si no filtra nada, malo también. Daría pie a pensar que el agua está entrando en compartimentos donde no debería penetrar.

Y es que, escuchando las explicaciones de los técnicos, a veces da la impresión de que ese gigante que es el embalse de Guadalcacín está vivo. Y si no, valga otro dato que a los profanos en la materia causa asombro: en las dos décadas que lleva construida la presa ha visto descender su altura en unos 50 centímetros, según datos corroborados por los precisos medidores que tiene esta infraestructura hidráulica. Este hecho se explica científicamente en el asentamiento cada vez mayor que la presa experimenta en el subsuelo donde fue levantada.

Lo que hace grande a Guadalcacín no es su superficie de cuenca. Porque el terreno que potencialmente puede aportarle agua es apenas de 687 kilómetros cuadrados que es aproximadamente la mitad de la superficie de cuenca del embalse de Bornos, cifrado en 1.344 kilómetros cuadrados. Lo que hace grande a Guadalcacín es su longitud, calculada en 24,90 kilómetros desde la presa hasta su cola, y su perímetro o longitud de costa, que suma 104,49 kilómetros.

Pero hay otros elementos tangibles que corroboran su grandeza. La más importante quizás es que entre sus incontables orillas almacena prácticamente el 60% de todas las reservas de agua con que cuenta hoy la provincia, que se eleva hasta los 1.337 hectómetros cúbicos. Todo ese agua servirá para abastecer a los campos de regadíos de la provincia, que absorben entre el 75 y el 80% del agua que se consume en un año. El porcentaje restante se destinará a consumo humano y, en menor medida, a usos industriales.

Quizás algún día alguien agradecerá lo que este embalse ha aportado a una provincia en la que las nuevas generaciones se han salvado de vivir la crudeza de unas restricciones que marcaron época. Es la gran contribución de un gigante que mantiene su corazón en plena forma.

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