Inmigración

6.787 muertos en el Estrecho de Gibraltar

  • Tres décadas después del primer fallecido hay un nuevo repunte de muertes en el mar

  • Este año son ya 504 las vidas perdidas intentando alcanzar España

Fosa común de migrantes en Tarifa Fosa común de migrantes en Tarifa

Fosa común de migrantes en Tarifa / Erasmo Fenoy (Tarifa)

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Los primeros años las pateras salían de noche. Daban varias vueltas por el Estrecho de Gibraltar y se les decía a sus ocupantes “¿veis aquellas luces? Ahí está ya Barcelona”. Barcelona, transmutada en Tarifa o Algeciras, aparentaba (aparenta) estar cerca, pero en el trayecto recorrido mediante engaños y a alto precio muchos se han dejado la vida intentando alcanzar el sueño europeo. Al menos 6.787 personas desde que el 1 de noviembre de 1988 Ildefonso Sena registrara para Diario de Cádiz la primera muerte oficial de un migrante que trataba de llegar a España.

La primera oficial de la luctuosa estadística, pero no la primera real: anteriormente al aparecer cuerpos en la orilla no se relacionaban con la inmigración. En 1988 se empiezan a contabilizar los cadáveres de migrantes que van llegando a las playas del Estrecho como víctimas de la inmigración irregular; esta se trata de un fenómeno reciente, que comenzaba por el Estrecho. Pero esos primeros registros no se hacen de forma sistematizada. Por eso, el dato de 6.787 personas fallecidas o desaparecidas (a 31 de octubre) es un mínimo estimado, elaborado por Andalucía Acoge y la fundación porCausa con investigaciones propias y estadísticas de la Organización Internacional para las Migraciones y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. En muchas ocasiones contando con la información publicada por los medios de comunicación. En muchas otras, solo el Mediterráneo o el Atlántico tienen constancia de los naufragios.

En esa fecha se empieza a constatar el cambio en los formatos de la inmigración ilegal. Como recoge el informe Recorrido migratorio: 30 años de muertes en el Estrecho, de Acoge y porCausa, la fórmula para llegar a España, entonces un país de tránsito, pasa de colarse en un ferry a jugarse la vida en pequeñas embarcaciones frágiles e inseguras. Desde entonces, en las aguas del Estrecho se ha visto de todo: barcos pesqueros, barcos nodriza, pateras, neumáticas, toys, motos de agua, llantas de camiones, tablas de windsurf, motos acuáticas, kayaks y hasta una nevera se han utilizado para tratar de llegar a la costa andaluza. En total, en esas tres décadas, ha habido 235.568 entradas irregulares por mar, apunta el estudio.

La evolución constatada por estas organizaciones muestra unos primeros años en los que hubo pocos registros de naufragios y muertes. A partir del año 2000, con el repunte del fenómeno migratorio, el número de fallecidos en el Estrecho empieza a crecer y alcanza sus mayores niveles en los años 2006 y 2007, los años de la crisis de los cayucos, cuando mueren o desaparecen 1.167 y 921 personas respectivamente.

En esos años el fenómeno migratorio va cambiando, acompasándose a nuevas rutas conforme se van endureciendo otras. Bajan las llegadas por mar para subir las de Ceuta y Melilla, llega la crisis canaria, va creciendo la ruta del Mediterráneo Central. La negra contabilidad del cementerio mediterráneo va marcando algunas fechas en el calendario, como la muerte de 37 personas en 2003 tras el naufragio de una patera cerca de la costa de Rota, la mayoría de una misma aldea, Beni Mellal. O el verano de 2008, cuando una zódiac cargada de personas de origen subsahariano que trataba de llegar a Almería se averió y, tras siete días sin agua ni alimentos, murieron 15 personas, entre ellas nueve bebés. En enero de 2017, la historia del pequeño congoleño Samuel estremece a Andalucía: aparece en la playa de Zahora y unos días después lo hace el cuerpo de su madre en la costa argelina. Madre e hijo querían llegar a Europa para recibir tratamiento médico. El padre enterró en primer lugar a su mujer en Argelia y después a su hijo en España.

Evolución de las muertes en el Estrecho Evolución de las muertes en el Estrecho

Evolución de las muertes en el Estrecho / Miguel Guillén

Samuel reposa en Barbate desde entonces, como otros migrantes. Otros muchos están en el cementerio de Tarifa, que tiene en su fosa común uno de los símbolos más tristes de la tragedia migratoria. En ella descansan los restos de 23 personas; alrededor de 40 más han sido enterradas en nichos acompañadas por miembros de la Asociación Cardijn. Es el municipio en el que aparece el fallecido el que se hace cargo de la gestión de los restos en el caso de que no sean identificados o reclamados por algún familiar. Según explica la concejal tarifeña de Cementerio, Francisca Hidalgo, cada enterramiento tiene un coste de 1.200 euros. Hubo un momento en el que Algeciras llegó a reclamar fondos para estos enterramientos.

En los últimos años, la situación más dramática se ha dado en el Mediterráneo Central, que se convierte en la ruta más peligrosa, pero también siguen las muertes en el Estrecho. Pero en 2018 se constata un vuelco en los flujos migratorios que sitúa ahora a España como punto principal de entrada a Europa: según los datos de Acnur, en lo que va de año han entrado irregularmente en España 53.187 personas, la mayoría de ellas por mar. Estrecho y Mar de Alboran se convierten en camino preferente y vuelve a aumentar el número de muertes: 504. Es una estadística que no cesa: hace solo cuatro días Salvamento Marítimo encontró el cadáver de un bebé en una patera en el Mar de Alborán.

El proyecto Missing Migrants de la OIM recoge estos y otros muchos datos. Como el hecho de que el porcentaje de muertes sobre el total de personas que intentan llegar a España ha crecido entre 2017 y 2018, pasando de un 0,8% a un 1,1%. O que el origen de los fallecidos es cada vez más indeterminado.

Para las organizaciones que trabajan con migrantes y refugiados, estas cifras no son más que otra muestra de que la política migratoria europea y española no está funcionando. “Una política migratoria centrada en el control, no va a disuadir a nadie que haya decidido emigrar para conseguir una vida mejor en otro país. Ninguna ruta queda cerrada definitivamente”, destaca el informe 30 años en la Frontera Sur. Para las organizaciones que lo firman, “la arbitrariedad y el parcheo son el eje transversal en las políticas migratorias, la ausencia de recursos de acogida se mantiene y la muerte sigue acompañando a la inmigración”.

Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado abogan por “la creación de vías seguras y legales para no obligar a refugiados y migrantes a tomar rutas cada vez más peligrosas como atravesar el Estrecho y el mar de Alborán. Estamos totalmente en contra de las medidas centradas en la externalización de fronteras a través de acuerdos de cooperación o medidas además financiadas por el fondo fiduciario, instrumento supuestamente creado para mejorar la vida de las personas en los países de origen”.

Para la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, existe en España una política racista, de “un racismo institucionalizado que tiene como consecuencia que las personas pierdan su vida durante las migraciones”.

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