Provincia

Los restos arqueológicos hallados aguardan su puesta en valor

  • Junta y Ayuntamiento optan por conservarlos mediante registros en el subsuelo a la espera de una solución técnica · Las obras sacan a la luz cantiles y aljibes

El subsuelo de El Puerto está arrojando importantes vestigios arqueológicos que van saliendo a la luz conforme se reforman las calles. En estos últimos años, están aflorando en las obras de Urbanismo Comercial y en otras realizadas con fondos de distintas administraciones restos pertenecientes a las antiguas redes de saneamiento y distribución de aguas, aunque también el pavimento original de algunas calles y plazas, aljibes de almacenamiento e incluso el antiguo cantil del muelle del Guadalete. La política que se sigue respecto a estos restos es su conservación, manteniéndolos en el lugar donde aparecieron (no visibles pero preservados bajo tierra dentro de una arqueta), o bien desmontarlos para su traslado a otro sitio o su reinstalación una vez finalizadas las obras de reurbanización.

Los restos más recientes aparecidos son los de una antigua conducción de agua potable del siglo XVIII en la calle Jesús de los Milagros, perteneciente al histórico acueducto de la Piedad.

La Delegación Provincial de Cultura, de acuerdo con el arqueólogo de la obra, José Manuel Lojo, decidió mantener algunos tramos soterrados in situ, el desmontaje de otros que no se podían conservar en el lugar y la reinstalación una vez completadas las obras de otra parte de la conducción en unos peraltes colocados en la calle.

Pero no es este el único vestigio que ha salido a la luz en las obras de reurbanización de calles y plazas.

Aunque quizá el más visible es el viejo cantil del muelle y escalera de piedra de la Bajamar, otros restos vienen a alumbrar cómo eran los espacios públicos de El Puerto en distintos momentos de su historia.

Es el caso del pavimento de época hallado en la Plaza de España, una solería del siglo XVIII existente frente a la puerta de la sacristía de la Iglesia Mayor Prioral, formado por bolos (piedras redondas de río), del que se han conservado varios metros cuadrados en una arqueta de registro que los preserva en su interior.

La idea es que en un futuro este paño de pavimento original se pueda poner en valor y quedar a la vista del público, lo que hoy por hoy es difícil por cuestiones técnicas. Unos restos similares, también una solería de piedras, aparecieron en el tramo de la calle Misericordia entre la Plaza de la Herrería y Luna. En la misma Plaza de España, se ha conservado también in situ una atarjea abovedada (por la que discurren aguas residuales) del siglo XIX, edificada con sillares de piedra arenisca y ladrillo, en uso pese a los muchos años transcurridos desde su construcción. También se han podido preservar otras atarjeas en la avenida Micaela Aramburu (igualmente en servicio); y en la calle San Sebastián, donde se han mantenido tres tramos de 4 metros de longitud cada uno.

Otra tapa de registro de hormigón en un lateral de la puerta del colegio de Las Esclavas en la calle Misericordia indica el lugar en cuyo subsuelo se halló un aljibe que excavó el Museo Municipal. El aljibe conserva su cubierta y perfil, y fue una de las primeras estructuras donde la Concejalía de Cultura se planteó su conservación in situ.

No obstante, el Centro de Patrimonio descubrió que dejar a la vista del público estos vestigios es difícil desde el punto de vista técnico. Una cubierta de metacrilato instalada a la intemperie tiende a empañarse, con lo que los restos no se verían. Esto dificulta la puesta en valor de los vestigios arqueológicos hallados en los espacios urbanos peatonalizados, por lo que habrá que esperar algún sistema que permita en un futuro superar este impedimento.

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