Cofradías

¿Quién cuida al nazareno?

  • El hermano nazareno es el gran olvidado de las cofradías

  • Llevar una estricta disciplina y sufrir parones llega a ser un auténtico calvario

El cortejo de la hermandad de la Mortaja. El cortejo de la hermandad de la Mortaja.

El cortejo de la hermandad de la Mortaja. / (Jerez de la Frontera)

La pasada semana se publicaba en este periódico una fotografía que posiblemente fue tomada en los primeros años de la década de los noventa. El artículo abrió un interesante debate sobre los costaleros en las redes sociales. Los argumentos esgrimidos por algunos subrayaban la figura del costalero como un elemento externo al cuerpo de la cofradía. Por otro lado, hubo también opiniones que se inclinaban en darles a los hombres de abajo un carácter integrador, acogiéndolos como un grupo que forma parte también del cortejo. En definitiva se trata de dos formas de ver este asunto con sólidas razones tanto por un lado como por otro.

Todo este debate ha servido de antesala a este artículo que pretende hacer un análisis sobre los hermanos que visten la túnica en las cofradías jerezanas. Cortejos que, en algunos casos, sufren los lentos ritmos que imponen las direcciones de cofradías o cuadrillas de costaleros que se lucen en las denominadas ‘revirás’. Unas maniobras que se hacen eternas para arrancar el aplauso del público. Competiciones no escritas que sirven para ocupar un puesto en un podio que no existe. Al menos a día de hoy.

Unos disfrutan bajo las trabajaderas mientras que otros sufren las consecuencias de los parones a los que se someten a los cortejos. Esta circunstancia ha dado como resultado en alguna ocasión que los cortejos mengüen. El gráfico que cada año dibuja el conocido cofrade Daniel Carretero con su recuento de nazarenos ofrece en los últimos años un incremento en el cómputo total de túnicas. Quizá porque llegan nuevas hermandades al centro o porque algunas cofradías clásicas han sabido ponerse las pilas y mirar más al nazareno de cirio que ve cercano el templo de vuelta a casa mientras siente cómo, por muy cerca que esté, se aleja cada vez más del dintel a tenor de la lentitud del andar de los pasos. Después se pretende que hermanos con cierta edad vistan la túnica cada año con ilusión y alegría. Sin embargo, por otro lado, también habría que decir que si los pasos no se lucieran en sus recogidas el público en general no acudiría a este tipo de citas con lo que disminuiría el interés social por las cofradías. En definitiva se trata de un asunto ciertamente poliédrico y de cierta complejidad si se busca un término medio para no castigar ni a unos ni otros mientras que se sigue despertando el interés del público en general.

Mover una cofradía no es fácil. Hay que tener conocimientos y saber tomar decisiones acertadas en décimas de segundos. Además, hay que conocer los ritmos sin perder la compostura ni las distancias entre los tramos. Abraham Hernández, cofrade de la Defensión, precisamente una de las cofradías que en los últimos años ha ido incrementando su número de nazarenos, comenta que “fundamentalmente al nazareno hay que cuidarlo pero no solo en la calle, sino desde que llega al templo antes de la salida”. La hermandad franciscana ha sabido tomar una personalidad en la calle que para Hernández “no ha sido de año para otro. Todo esto lo hemos ido aprendiendo con el paso de los años. Por ejemplo, saber que el equipo de auxiliares que van fuera de la cofradía es fundamental para muchas cuestiones y problemas que se pueden presentar. Unos se encargan de posibles problemas en el ámbito de la priostía mientras que otros tienen como función estar pendientes de los nazarenos”. Además, también hay que saber dirigir a las cuadrillas de costaleros para ponerlos al servicio de la cofradía y no viceversa, como ocurre con algunas corporaciones. En la Defensión, “nos reunimos con los capataces y poco a poco van interiorizando las formas que queremos ofrecer en la calle. Cuando se hace todo este trabajo, generalmente, consigues las metas que te has propuesto”, comenta Hernández. La Defensión ha ido tomando un estilo y es complicado verles inmersos en cortes o con parones voluntarios. Una circunstancia en una cofradía complicada para mover si tenemos en cuenta que va inmersa entre la nómina de las del Martes Santo. Y todo esto lo han logrado a pesar de ser la cuarta en llegar al palquillo. Es decir que desde este punto hasta que llega a la Porvera ya de vuelta, van tras la estela de las que van por delante. Con poco margen de maniobra.

José Carlos Morales es cofrade de la Cena y de la Yedra. En ambas hermandades ha ocupado el cargo de diputado mayor de gobierno. Es una voz autorizada y conoce cómo hay que mover un cortejo para cumplir con los horarios. “Actualmente el nazareno está muy disciplinado. Generalmente es obediente y aguanta los parones que sean necesarios. Sin embargo, hay que reconocer que el costalero va un poco más su aire”, afirma Morales. Por otro lado, José Carlos hace una reflexión interesante al comentar que “en muchas ocasiones, la única solución que se toma cuando hay retrasos y se llega tarde al templo es pedir más tiempo en la calle”. Ciertamente hay, en ocasiones, una clara falta de análisis para poder contemplar la posibilidad de andar más rápido o de saber dar las instrucciones precisas a los capataces cuando hay que mover un cortejo porque no se cumple el horario establecido.

Nuevas cofradías

Con la llegada de la hermandad de la Clemencia en el año 2005, se impone una forma de andar que se desconocía en Jerez. Una marcha más ligera y con un paso más largo para el costalero. De esta forma también se descubría la belleza que tiene un paso andando largo y racheado. En definitiva, una motivación por avanzar y ganar metros sin perder nunca la compostura. Después llegó el Soberano Poder y se consagra esta forma de andar que Abraham Hernández la define como “una necesidad. Si se viene de tan lejos no hay más remedio que avanzar”. Pasión, la Sed o la Salud de San Rafael, entre otras, son cofradías que avanzan mucho y saben mover bien sus tramos. Para el nazareno es toda una motivación vestirse porque hay largos tiempos en los que prácticamente no se deja de andar. Si hay algo que agota al que viste la túnica son los parones.

La comparativa con algunas cofradías del centro la marca las diferencias de tiempo que necesita una hermandad para llegar a la carrera oficial. Proporcionalmente es bastante clarividente que algunas necesiten una gran cantidad de horas para llegar estando más cerca del palquillo mientras que otras, como la de San Rafael, pongamos como ejemplo, este año, tardó tres horas y media en llegar desde Federico Mayo hasta Aladro. Y cuando se presentó la cofradía hubo que esperar antes de firmar la toma de hora porque la cruz de guía se presentó con veinte minutos de adelanto. Por poner un ejemplo contrario, la hermandad de la Coronación necesita dos horas y quince minutos para recorrer muchos menos metros.

Cada cofradía es un mundo y también cada cortejo marca una singularidad determinada en su forma de andar. No es lo mismo una hermandad de capa que una de ruán. Sin embargo, no deja de ser una necesidad si tenemos en cuenta que cuanto más tiempo en la calle, más cansado llega el nazareno a la recogida y, por tanto, más dudas en futuros años en vestir la túnica. Un problema que preocupa a algunas diputaciones de gobierno mientras que en otras parecen mirar a otro lado.

Al final, el nazareno queda un tanto abandonado. Silente, bajo su antifaz y con la espalda cargada por las horas en pie. Solo piensa en llegar pronto al templo mientras que la cofradía camina un par de metros para después tener un parón muchas veces insoportable. ¿Quién cuida al nazareno? En determinadas ocasiones parece que nadie. Como al soldado el valor, al nazareno se le supone la capacidad de resistencia. Ya se ha comentado que llevar una cortejo bien formado y siempre al mismo ritmo no es tan fácil. Hay muchos factores con los que hay que luchar. Que los hermanos lleven un ritmo que no les castigue y que las cuadrillas lleven sus pasos de una forma digna parece en ocasiones cuestiones incompatibles. Sin embargo, hay soluciones para todo esto. Y más pronto que tarde habrá que echar mano de ellas. A no ser que los cortejos se vean tan menguados que haya que pagar para salir. En algunas cofradías se ha llegado a este punto. Y otras, si no lo han hecho, están a un par de jornadas de tomar esta solución tan lastimosa . Y todo ello por no entender que tras un antifaz hay una persona de carne y hueso.

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