Cofradías

El buen obispo y cofrade que concilió a las hermandades ante la Iglesia

  • La creación de la Normativa Diocesana para Hermandades, un gran logro visionario de Del Río para ordenar el mundo cofrade 

El prelado junto a Juan Cervilla, entonces delegado de Hermandades, el 21 de febrero de 2003 en La Salle, en la reunión para presentar el ‘Libro Verde’. El prelado junto a Juan Cervilla, entonces delegado de Hermandades, el 21 de febrero de 2003 en La Salle, en la reunión para presentar el ‘Libro Verde’.

El prelado junto a Juan Cervilla, entonces delegado de Hermandades, el 21 de febrero de 2003 en La Salle, en la reunión para presentar el ‘Libro Verde’.

Don Juan llegó a una diócesis que estaba medio hecha, pero faltaba rematar estructuras, legislaciones, normas, patrimonio, clero y algunas cosas más que dejó en el aire don Rafael, que llegó hasta donde pudo y le dejaron.

Uno de los frentes en el que Del Río tuvo que meter mano fue el del mundo cofrade, entonces con una muy escasa legislación común, un tremendo déficit de normas, leyes y procedimientos que quedaban al arbitrio del prelado.

En esto, los más veteranos, recordarán el ‘no es no’ a las procesiones extraordinarias y mucho menos coronaciones canónicas, que de forma pertinaz siempre negaba don Rafael, excepto en la Magna de 2000, aunque aquello le costó lo suyo a Lete sacarla adelante. 

Juan del Río era cofrade. Amaba a las hermandades y a la Semana Santa. Nació en tierra cofrade y se formó en Sevilla donde alcanzó una gran notoriedad entre las hermandades de allí, siendo director espiritual de los Estudiantes.

Con ese bagaje llegó a Jerez, vio lo que había y dio el paso adelante para crear el que hoy llamamos Libro Verde, el conjunto de normas para las hermandades y cofradías, consejos cofrades, coronaciones canónicas y procesiones extraordinarias.

Asimismo se incluyó la creación de nuevas hermandades, la figura de la Agrupación Parroquial en vez de asociación, su funcionamiento y procedimientos a seguir para alcanzar su elevación a hermandad. Daba así solución legal a la creciente polémica de los Viernes de Dolores y los numerosos grupos que salían ese día, que  como única respuesta  solo recibían el repudio desde la Iglesia y de la oficialidad cofrade. Consiguió arrimarlas a las parroquias y someter a estos grupos a la disciplina del trabajo mirando para adentro. 

El texto lo presentó en un acto, el 21 de febrero de 2003, que  ya forma parte de los momentos fundamentales de la historia moderna de las cofradías locales. En el salón de actos de La Salle reunió a los hermanos mayores de toda la diócesis así como a los consejos de hermandades.

Aquel encuentro multitudinario sirvió para poner en marcha el nuevo reglamento, la nueva ‘ley’ cofrade. Cada asistente recibió un ejemplar para estudiarlo y presentar enmiendas, que analizó una comisión que presidió Lete por petición del obispo.

La misión del añorado cofrade de Las Angustias fue la de ordenar y priorizar las enmiendas, rodeándose de un equipo de cofrades de la ciudad y otras localidades. Más tarde, Lete dejó el cargo al decidir formar parte de una lista de candidatos a las elecciones municipales. Le sustituyó otro grande, Paco Garrido. 

La Normativa Diocesana para Hermandades y cofradías fue el gran logro de Juan del Río pero, además, su trato con el colectivo cofrades siempre fue exquisito y conciliador; no le gustaba la palabra baculazo, la rechazaba. Dio prioridad al entendimiento y al consenso frente al enfrentamiento o la imposición. Evidentemente, su llegada supuso nuevos aires para las hermandades jerezanas. Una sensación de aperturismo hasta entonces desconocida dio rienda suelta a nuevas aspiraciones hasta entonces cercenadas como las salidas extraordinarias, ya siempre sujetas el Libro Verde, o las coronaciones canónicas. 

La primera, de motu propio fue la de María Santísima de la Concepción, que sorprendió al mundo cofrade pero que aupó con entusiasmo con la asistencia de don José Luis Repetto. Con ello, llenó de gloria a una hermandad y a un barrio y pudimos vivir lo que es una coronación de una imagen de la Virgen Dolorosa en Jerez. Después llegó la de la Virgen del Valle y llegó el año 2005 con el Encuentro Nacional de Cofradías, cuyo discurso de defensa en Ávila sobre la candidatura de Jerez fue sencillamente extraordinario. 

“Las hermandades no son ONG’s”, afirmación muy reiterada por él con la que señalaba el camino de las cofradías dentro de la Iglesia en su labor  asistencial y alejarlas de posibles “tergiversaciones de sus principios dada la dinámica actual por su protagonismo social”.  “He comprobado como muchos conflictos vienen como pérdida del sentido eclesial, falta de formación o por caer en la tentación del reduccionismo culturista y folclórico”.

Con esta claridad se expresó en sus inicios en Jerez y con esos principios gobernó a las hermandades para que nunca perdieran el norte, sabias lecciones de don Juan que alguno/s trataron de que cayeran en el olvido.

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