Cofradías

Ruegos y oraciones por la vía de urgencia

  • Ante las catástrofes, calamidades y amenazas sociales, el pueblo cristiano ha implorado la ayuda de Dios a través de las rogativas

San Juan Grande arrobado ante la procesión de la Virgen de la Merced en una pintura de Eladio S. Santos que se conserva en el santuario de los padres hospitalarios en Jerez. San Juan Grande arrobado ante la procesión de la Virgen de la Merced en una pintura de Eladio S. Santos que se conserva en el santuario de los padres hospitalarios en Jerez.

San Juan Grande arrobado ante la procesión de la Virgen de la Merced en una pintura de Eladio S. Santos que se conserva en el santuario de los padres hospitalarios en Jerez. / (Jerez de la Frontera)

Las rogativas han formado parte de la historia de la Iglesia desde los primeros siglos del cristianismo. Con ellas, el pueblo fiel expresaba, a través de la oración pública, la ayuda o una petición a las Alturas. Y se hacía con carácter de urgencia cuando el peligro acechaba en forma de calamidades o desgracias de orden social. La forma de llevarlas a cabo como manifestaciones sociales no solo se ceñía a los cultos o la liturgia. En el contexto de la desesperación, cualquier otra actividad podría agradar a Dios. Así que también disponía la procesión y el cortejo con las imágenes de los santos más competentes en materia de favores, la imagen de Jesús o el acompañamiento de la Virgen María como eterna intercesora.

Se atribuye la creación de las rogativas a San Mamerto, obispo de Viena. Una figura un tanto lejana pero que se sitúa o se enmarca en torno al siglo V. Fue este pastor santo el que puso en práctica la exhortación a los fieles para dirigir oraciones, procesiones y obras de penitencia. Por un lado, existen datos que apuntan a un terremoto sufrido en la época y que es el origen de la primera rogativa. Sin embargo, hay otros autores que citan estas prácticas de forma tradicional durante los tres días que precedían a la festividad de la Ascensión. Y todo ello con el fin de aplacar la justicia divina y obtener el favor de Dios para no sufrir calamidades como terremotos, incendios o, incluso, devastaciones de bestias feroces que afligían al pueblo. Esto último ciertamente relacionado con el realismo mágico y la idealización del mal. En Francia comenzaron a desarrollarse de una forma más ‘oficial’ este tipo de manifestaciones tras su contemplación en el concilio de Orleans que tuvo lugar en el año 511 y que instaba a los feligreses a participar en este tipo de acciones religiosas. Así es cómo esta tradición va poco a poco internándose en España y tomando cuerpo, aunque tenían que pasar algunos siglos más para ser una disciplina usual cuando las cosas no rodaban bien.

Comenzaron como medidas preventivas. Ante la fragilidad del ser humano ante las devastaciones, la respuesta de un hombre mucho más rural y con menos conocimientos científicos era responder con este tipo de procesiones y oraciones. Habría que citar, en España, las rogativas que se mantenían los días previos a la solemnidad de Pentecostés o las procesiones que se llevaban a cabo cada 25 de abril, día de San Marcos, y que fue instituida por el Papa San Gregorio Magno.

Curiosamente, siempre dentro de la tradición de la Iglesia Apostólica y Romana. Ni griegos ni ortodoxos contemplaron este tipo de expresiones en sus respectivas Iglesias ni en su liturgia.

Rogativas en Jerez

Pasando al plano más cercano y para encontrar las primeras rogativas celebradas en la ciudad de Jerez, habría que acudir al historiador Hipólito Sancho Sopranis que, en su ‘Historia Social de Jerez de la Frontera’, narra que en el siglo XIV no eran muy frecuentes las procesiones penitenciales de forma pública o las rogativas. Sin embargo, sí existen ciertos apuntes que indican celebraciones esporádicas de este tipo de expresiones de fe y agradecimiento. Se trataba de una costumbre que Jerez recibía de la Capital Hispalense, donde por aquellas fechas sí había una importante documentación de rogativas. Por tanto, se trató en el caso de Jerez de un tipo de actividad cultual heredada de la Archidiócesis de la que se dependía directamente a nivel eclesiástico.

A mediados del siglo XV comienzan a hacerse más frecuentes. Procesiones en las que, según comenta Sancho Sopranis, las encabezaban los pendones de las cofradías existentes —que eran de escaso número— así como las cruces de la parroquia y de San Salvador con la universidad de la clerecía y los canónigos de la colegial más los frailes. De la autoridad civil, se cita la presencia de los alcaldes mayores y el alguacil. Una vez escuchado el sermón y celebrado el oficio se volvía cada uno a su iglesia matriz. Eran rogativas que comenzaron a multiplicarse “alternando con las procesiones de acción de gracias por tal victoria sobre la morisma, o tal acontecimiento venturoso para la corona o la ciudad, aunque sin revestir carácter periódico”, describe el historiador portuense.

Ya a comienzos del siglo XVI, se narran algunas salidas de la Santísima Virgen de la Merced en determinadas rogativas que incluso estaban ligadas a ciertos procesos políticos. Un ejemplo de este ámbito, según relata Sancho Sopranis, eran las rogativas por la tranquilidad del reino tras la muerte de Isabel la Católica, concretamente en el año 1504, año del fallecimiento de la Reina. Incluso a mediados de este siglo, también parece existir documentación de rogativas de la Virgen de la Merced por acontecimientos graves o calamidades públicas. Se determinaba que las enfermedades de los soberanos españoles lo eran, y en el año 1534 se organiza por esta razón una procesión como rogativa por el pronto restablecimiento del emperador Carlos I.  

Los primeros datos históricos de una rogativa como consecuencia de una calamidad pública —muy posiblemente refiriéndose a enfermedades y epidemias— las encontramos con la formación de una cofradía que nunca salió en Semana Santa y que en 1670 se crea alrededor del Cristo de la Viga en la Colegial jerezana. Cita Hipólito Sancho las rogativas del Santísimo Cristo cuya devoción celará el propio cabildo. En 1649, antes de la fundación de la cofradía, salió la imagen a causa de la peste. La procesión tuvo que volverse a la llegada a la Trinidad por la fuerza del aire que impedía poder llevar las andas de forma adecuada.

Se centra entre 1695 y 1778 cuando las obras del nuevo templo colegial se están llevando a cabo y donde el Cristo de la Viga recibe culto en una antigua capilla que subsistió y donde se recuerda no pocas veces haber salido en rogativas, en algunas ocasiones incluso acompañado por la Virgen de Consolación y la Virgen de la Merced.

La actual epidemia

Curiosamente se ha hablado en el mundo cofrade de una gran acción de gracias una vez vencido el coronavirus. Aunque todavía es muy prematuro saber cómo y cuándo se podría llevar a cabo esta acción de gracias, sí que se ha hablado de posibles procesiones magnas en la ciudad. También se contempla la salida de la Virgen de la Merced o la Santísima Virgen del Carmen, grandes devociones de gloria de la ciudad. Sin embargo, las rogativas no han sido pensadas a día de hoy por parte de los fieles ni del clero de la ciudad.

Ciertamente, quizá, se trata de unas manifestaciones que ya se pierden en la noche de los tiempos y que en la actualidad pueden tener un seguimiento menor. La sociedad ha evolucionado y la ciencia también. Se piensa ahora en una posible vacuna que la comunidad científica pueda hallar como la gran solución a la pandemia y no el favor de Dios. Esta falta de vigencia en el mundo actual parece ser uno de los puntos a reconocer por parte del padre Felipe Ortuno Marchante, comendador de la comunidad mercedaria en la basílica de la Merced. El religioso aboga “por una fe madura y no por unas creencias más bien basadas en la magia. Tenemos que tomar un papel de responsabilidad, tanto la Iglesia como los fieles”, argumenta el padre Felipe. El mercedario añade que “este tipo de manifestaciones son anacrónicas. Además no son acordes con una fe madura. Somos personas —añade el padre Felipe— y por supuesto en momentos tan graves como los que vivimos siempre ponemos nuestra confianza en Dios, pero debemos de ser más responsables todos”.

Por otro lado, el padre Alejandro Peñalta Mohedano, prior de la comunidad de religiosos carmelitas, apunta en la misma dirección que el padre Felipe. “Las rogativas tienen que nacer de un fondo que se origine en lo más profundo de la fe de los creyentes y de las personas. Si no hay un fuerte apoyo de fervor y fe no tiene sentido en la actualidad hacer una procesión con una imagen”, afirma el carmelita. Para el padre Alejando “no es la imagen, sino un pueblo el que apoya todo este tipo de expresiones. La imagen acompaña a la fe y no al contrario”. Añade que “sacar a la Santísima Virgen por sacarla es un sinsentido y se haría como una forma milagrera que no es aceptable actualmente y que no es muy cristiano”. Por tanto, se trata de un anacronismo con poca vigencia en nuestra sociedad ya que para el padre Alejando, “hace falta más unión por parte de los fieles. Y es lo que se echa de menos en la actualidad: la fe”.

En definitiva se trata de prácticas religiosas que en otros tiempos eran mucho más frecuentes. Ahora, con los adelantos científicos y una sociedad mucho más pragmática, las rogativas han dejado paso a una fe más madura y sólida.

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