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'Freakonomics', una nueva herramienta para analizar el mundo

  • Los creadores de la 'freakeconomía' editan en español la segunda parte de su exitoso volumen, en la que aportan su particular punto de vista a temas como el calentamiento global, la economía de las prostitutas o los seguros de vida para terroristas suicidas.

La freakonomía ha logrado trascender el ámbito de lo raro y excéntrico, o freaky, para convertirse en auténtico fenómeno de masas en todo el mundo. El término, acuñado por dos autores norteamericanos, el catedrático en Economía de la Universidad de Chicago Steven D. Levitt, y el periodista del New York Times Stephen J. Dubner, ha ganado una enorme popularidad después de que su primer libro, Freakonomics, se erigiera en un best seller.

Ahora, varios años después de que saliera publicado Freakonomics en España, y tras el éxito cosechado internacionalmente, Stephen J. Dubner presenta en Madrid la segunda parte: Superfreakonomics. Enfriamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida, publicado en castellano por la editorial Debate.

"La freakonomía es esencialmente una forma distinta de mirar el mundo bajo un enfoque algo distinto", define Dubner. En definitiva, se trata de un acercamiento a la vida real para observarla datos en mano. Temas como la economía que rige el mundo de la prostitución o cómo el cambio de sexo de mujer a hombre puede reportarle al sujeto en cuestión un mejor salario, pasando por cuestiones como el cambio climático y si son peores los tubos de escape de los coches o los pedos de las vacas o la habilidad de monos capuchinos para comprar golosinas con monedas son algunos de los asuntos tratados en Superfreakonomics.

Las cuestiones, en apariencia tan dispares, que aborda este libro tienen una tónica común: los incentivos. "Los incentivos son importantes en el comportamiento humano", explicó Dubner. "Y con incentivos no nos referimos sólo al dinero, sino todo tipo de incentivos". "Todos los que participaron (en la crisis)", agregó, "tuvieron un fuerte incentivo para hacer exactamente lo que hicieron, y sobre ellos no pesaban duras penalizaciones que les supusieran un inconveniente; así se gestó la crisis".

No obstante, nunca fue su intención, ni la de su coautor Steven D. Levitt escribir acerca de economía. "Nos limitamos a mostrar que todos los comportamientos dependen de su contexto". "Pero no nos gusta la economía", sentenció. Y criticó, a su vez, a la gente que "intenta predecir el futuro". "Creemos que eso es un juego de tontos". Con humor agregó que a pesar de lo complicado de vaticinar lo que sucederá, "muchas personas continúan viviendo muy bien afirmando que pueden predecir el futuro y siempre que se equivoquen en menos de un 80 por ciento de las veces, parecen preservar un alto nivel de vida. Creo que es ridículo, pero así es", observó.

Respecto al cambio climático, otro tema que se aborda en el libro, Dubner comentó que en el libro "había un aspecto que queríamos destacar, porque ahora gran parte del pensamiento y de la actividad en torno al calentamiento global asume que tenemos respuestas firmes acerca de lo que va a pasar en el futuro, cuando no las tenemos". "¿Qué tienen en común Al Gore y el Monte Pinatubo?" es precisamente el espacio que dedica Superfreakonomics al candente tema del calentamiento global. En contra de lo que cabría esperar de un asunto que medios, organismos y fundaciones ecologistas abordan con suma gravedad, incluso alarmismo, Dubner y Levitt mantienen su peculiar visión de las cosas. Su respuesta es sorprendente, por no decir rocambolesca. Los dos autores vinculan el efecto de la erupción del volcán filipino Pintatubo sobre la atmósfera con la intención de Al Gore de combatir el calentamiento global.

El dióxido de azufre que en 1991 escupió el volcán a la atmósfera disminuyó considerablemente la temperatura global. El vínculo de este fenómeno sísimico con Al Gore es que el volcán y el político defensor del medio ambiente sugieren formas de contrarrestar el calentamiento global, aunque estas sean totalmente distintas. El dióxido de azufre sería, debido a su bajo coste, una forma barata para combatir el calentamiento global, esgrimen Levitt y Dubner en el libro. Al Gore, en cambio, opta por una vía más costosa, la concienciación, algo para lo que su fundación ha invertido muchos millones.

El capítulo dedicado al medio ambiente es sólo uno de los ejemplos de freakonomía, aunque durante la entrevista Dubner llegó a admitir que sigue sin tener muy claro lo que es en realidad ese concepto de cosecha propia. Sí se considera un freakonomista y se remontó a los orígenes de su condición y de la de su compañero Levitt. Así, relató que el padre de su coautor era investigador médico, que sin embargo, según le decía su tutor, no tenía talento. Por ello buscó un campo poco explorado, un área de investigación en el que pudiese prosperar, como la de los gases intestinales, y se convirtió en uno de los primeros expertos en la materia.

"Cuando mi compañero Steve estaba atravesando una crisis de confianza, porque no sabía muy bien a qué dedicarse, su padre le contó esa historia y le transmitió la idea de que si no puedes competir con la corriente en tu disciplina, debes encontrar cosas que puedas hacer. Así que Steve se dedicó a estudiar cosas como la economía de los traficantes de drogas, la economía de la prostitución...", aseguró Dubner.

En el caso de Dubner, también fue su padre, periodista de profesión al igual que él, quien le encarriló siendo él un niño hacia lo que después derivaría en freakonomía mediante un juego que consistía en prestar atención a todo lo que le rodeaba. "Él me enseñó a ejercitar los músculos de la observación y memorización. Y es algo que hago todos los días desde entonces. Es lo que me llevó a aficionarme a apreciar lo que otros no observan" agregó, revelando el secreto de cualquier buen freakonomista.

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