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La música con que sueñan los proboscídeos

  • Carlos Galilea ha cumplido 2.650 programas de 'Cuando los elefantes sueñan con la música'

Carlos Galilea, conductor de 'Cuando los elefantes...' en Radio 3 Carlos Galilea, conductor de 'Cuando los elefantes...' en Radio 3

Carlos Galilea, conductor de 'Cuando los elefantes...' en Radio 3 / RTVE

Cada uno tendrá sus gustos y sus programas preferidos, pero en lo referente a la radio musical yo continúo ensimismado con mi cita diaria de Radio 3, Cuando los elefantes sueñan con la música, que Carlos Galilea estrenó hace treinta años, tan imprescindible como el primer día. Si por aquel entonces, en los albores de la década de los noventa, todos éramos analógicos, y grabábamos con toda naturalidad aquellos programas en cassettes que catalogábamos a base de pegatinas, hoy día disponemos de una maravillosa página web gratuita que podemos consumir a demanda.

El año 2018 ha concluido con 2.650 ediciones de Cuando los elefantes sueñan con la música depositadas en este inmenso archivo. Nada menos que 2.650 horas de música sofisticada, elegante, bellísima y terapéutica. Un bálsamo para los oídos, como alguna vez la calificó su mentor. Qué duda cabe que no hay vida suficiente para regresar a tantos programas felices, a tantísimas páginas vivificantes.

Por todas estas entregas se pasea desde el maestro soberano, Antonio Carlos Jobim, hasta Frank Sinatra, Caetano Veloso, Elis Regina (cuyo biopic acaba de estrenarse en los cines), Luiz Bonfà, Toquinho y Vinicius de Moraes, Eliane Elias, Milton Nascinmento, Gilberto Gil, Ivan Lins… Recuerdo que uno de los primeros lemas del programa rezaba “latinidad y negritud”. Como si esas dos palabras definieran la esencia de los contenidos. Sí, pero no solo. Porque apenas se pueden poner puertas al campo cuando de lo que se trata es de poner etiquetas a la belleza. A estas alturas de existencia, los proboscídeos han demostrado que son capaces de soñar con la chanson francesa, con lo mejor de la música italiana, con Cole Porter y con Georges Gershwin, con las mejores bandas sonoras de nuestro cine. Aunque es verdad que el epicentro de todo esté en Brasil, en la bossa nova del maestro soberano.

Cuanto más feo se pone el mundo, más ganas nos dan de aferrarnos a la música de nuestros elefantes. Que sea por otros 30 años más.

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