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Análisis de Killing Floor 3, un título notable en lo visual pero con camino que recorrer en contenido y rendimiento

Videojuegos

La tercera entrega de la saga se aferra a Unreal Engine 5 para ofrecer un apartado audiovisual potente pero aún está verde en otros apartados

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Killing Floor 3 tiene una apartado visual muy notable.
Norberto López

02 de febrero 2026 - 12:04

Con un inicio que se remonta al año 2009 y dos entregas que consolidaron Killing Floor como un referente dentro de los shooters cooperativos de hordas, la llegada de Killing Floor 3 era, a priori, una de las apuestas más esperadas del año. Sin embargo, tras su lanzamiento en 2025, el título ha suscitado reacciones encontradas: para algunos es una sólida evolución técnica, pero para muchos seguidores de la saga representa un paso hacia atrás en aspectos clave del diseño, la jugabilidad y la experiencia cooperativa. Nosotros hemos podido probarlo a conciencia y la sensación es un remix de ambas partes.

Y es que en lo visual, la tercera entrega no decepciona: Tripwire Interactive ha aprovechado el potencial del Unreal Engine 5 para dar a Killing Floor 3 una estética moderna y pulida, con efectos de sangre, mutilación y escenarios detallados que ayudan a transmitir la brutalidad del combate contra los Zeds —las grotescas criaturas biomodificadas que vuelven a ser el centro de la propuesta. Este apartado gráfico, junto a una banda sonora que acompaña bien la acción, sitúa al juego entre los títulos más atractivos del género en cuanto a impacto sensorial.

La sensación de caos coordinado cuando hasta seis jugadores se unen para hacer frente a oleadas cada vez más agresivas sigue siendo el corazón de Killing Floor 3. Las diferentes especializaciones de personajes, con habilidades y árboles de progresión propios, fomentan estrategias cooperativas y ofrecen opciones para distintos estilos de juego.

Decisiones de diseño polémicas

A pesar de estos puntos positivos, el nuevo Killing Floor ha cuenta con decisiones de diseño que pueden considerarse regresivas. Una de las más señaladas es la eliminación de funciones básicas que se daban por sentadas en un shooter cooperativo: no existe chat de texto, no se puede elegir libremente servidor y no es posible cambiar de clase durante una partida. Esto diluye parte de la experiencia social y estratégica que caracterizaba a entregas anteriores.

Acabar con hordas de enemigos es muy satisfactorio.

La estructura de salud también ha cambiado drásticamente, limitando los recursos de curación por encuentro de forma más rígida, lo que para algunos jugadores repercute en una sensación de frustración artificial más que en un desafío equilibrado. Asimismo, la ausencia de un sistema de progresión interno que recompense consistentemente el rendimiento dentro de cada oleada —más allá del crecimiento general de nivel— elimina la motivación de escalar poder dentro de cada sesión.

Sensación de contenido limitado

Otro punto crítico tiene que ver con la percepción de contenido al lanzamiento. Si bien Killing Floor 3 incluye más mapas y clases que Killing Floor 2 en su estado inicial, la variedad aún se siente todavía insuficiente, con escenarios y mecánicas que pueden tornarse repetitivos tras varias horas de juego. Esto se refleja en el balance de modos y la curación del arsenal disponible: algunos de los diseños más avanzados de armas o habilidades tardan en sentirse realmente satisfactorios, y en algunos casos la curva de progresión no acompaña bien al ritmo del combate.

Las políticas de monetización tampoco han pasado inadvertidas. Aunque no existe un pase de batalla obligatorio al estilo de otros títulos modernos —al menos en el lanzamiento— el juego sí integra microtransacciones relacionadas con aspectos cosméticos, que desentonan con la filosofía tradicional de la saga.

Rendimiento y pulido

Otro de los aspectos más críticos es el rendimiento técnico. Nosotros lo hemos probado en un PC bastante potente con un Ryzen 5700X3D y una Nvidia RTX 5070Ti y el juego va muy fluido pero en PCs con configuraciones más modestas, Killing Floor 3 muestra problemas de estabilidad, caídas de FPS, animaciones irregulares y, en ocasiones, bugs que empañan la experiencia, sobre todo en partidas con muchos enemigos en pantalla o durante enfrentamientos de jefe. Estas deficiencias técnicas han llevado a muchos jugadores a criticar el juego por estar muy poco pulido.

A pesar de las críticas, hay que ser justos: la base jugable de Killing Floor 3 conserva muchos elementos que hicieron grande a la serie. La adrenalina de enfrentarse a hordas interminables, la satisfacción de coordinar con amigos para derribar a un jefe especialmente resistente, o el simple placer de ver cómo un disparo bien colocado acaba con una masa de Zeds siguen siendo sensaciones muy disfrutables. Para quienes se acercan al juego sin el peso de la nostalgia, estos elementos pueden resultar más que suficientes para justificar su compra.

Conclusión

Killing Floor 3 es un título que divide opiniones: visualmente impresionante y con mecánicas cooperativas sólidas, pero frenado por decisiones de diseño cuestionables, contenido que puede sentirse limitado y problemas técnicos notables. Para los aficionados acérrimos de la saga, puede parecer un experimento que sacrifica identidad en favor de tendencias modernas de diseño, mientras que para jugadores nuevos representa una propuesta interesante que, con el tiempo y actualizaciones, podría estabilizarse como una referencia del género. En su estado actual, sin embargo, es justo decir que Killing Floor 3 todavía camina en terreno movedizo: tiene potencial, pero necesita pulir sus bases para estar a la altura de las expectativas generadas.

Hemos podido probar Killing Floor 3 en PC (Steam) gracias a una clave que nos ha remitido el estudio a través de Game.Press.

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