Cinco minutos para guardar en la retina
La afición xerecista vibró a lo grande con la inesperada remontada de su equipo en el tiempo de descuento
Ni los más optimistas del planeta auguraban ayer una victoria del Xerez en Las Palmas. No por nada, sino porque la mala imagen ofrecida por los azulinos, sobre todo en la segunda parte no invitaba a nada. Es por ello que el triunfo agónico conseguido por el Deportivo sirvió a los pocos aficionados xerecistas desplazados hasta el estadio Gran Canaria para salir del campo en un estado de éxtasis irrepetibles, pues algunos aún no se terminaban de creer lo que había ocurrido en unos últimos cinco minutos de infarto.
La afición xerecista no quiso faltar a la cita. Muchos vinieron aprovechando las buenas ofertas de avión para pasar el fin de semana en las Canarias, mientras otros, hijos del paro gaditano y habitantes temporales de estas tierras, se desplazaron desde Las Palmas e incluso desde alguna isla vecina para ver en directo a su equipo. "No podemos verlo todos los días, por eso hemos venido", comentó José, jerezano residente en Gran Canaria.
Infiltrados entre la multitud amarilla, los pocos que acompañaron al equipo no olvidarán el encuentro, porque pasaron de la nada al todo en cuestión de minutos y vivieron sensaciones inolvidables. Quien más sufrió fue el presidente de honor xerecista, Rafael Verdú, único representante de la entidad en tierras canarias. Al bueno de Rafa le sudaban las manos como a un crío incluso cuando el partido ya había terminado, incrédulo de todo lo que había sucedido en el campo, pero consciente de que se había dado un paso más hacia ese ansiado ascenso por el que tanto suspira. Sorprendió en cierta forma la ausencia del nuevo presidente Carlos Osma, a quien todo lo ha cogido tan de sopetón que no pudo estrenar su nuevo cargo en las islas.
Los minutos finales fueron de auténtico infarto de ahí que el banquillo azulino saltara como un resorte cuando Hevia Obras decretó el final. No era para menos. El abrazo entre jugadores fue constante y en especial uno que se dieron Calle y Sarmiento, a quien el argentino dedicó el gol del triunfo.
Todo lo contrario sucedió en el bando canario, con una afición rota y desmoralizada, como su equipo. Los pitos hacia el palco pidiendo la destitución de Javier Vidales fueron una constante una vez concluido el partido, algo que finalmente no llegó a suceder tras ratificar el propio presidente (Miguel Ángel Ramírez), al que esperaban una nube de periodistas, al técnico.
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